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El regidor. [volume] (San Antonio, Tex.) 1888-????, March 31, 1915, Image 2

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*oblc en Moneda Mexicana.
Para todo asunto concerniente
Jl este periódico - ddiríjase á: Se
fcora Zulema P. de Cruz, 442
fhryer Ave. San Antonio. Texas.
UBL REGIDOR"
"Entered as second - cíase
matter December 2, 1913. at the
frost Office at San Antonio. Te
Ka·, under the act of March 3.
WT9."
lie tiempo hará en el mes
DE MARZO.
Para beneficio de nuestros "nu
merosos lectoras, principalmente
los agricultores y viajeros, publi
caremos ¡constantemente en e¿te
mismo lugar de nuestro periódi
co los'pronósticos de tiempo pro
bable paia cada mes. K1 siguien
te pronóstico es para el mes de
Marzo de 1915.
Período frío, «lia 1-Menos frío
y lluvias, día 2 y 3.—Tiempo tem
pestnoso, días 4 al 7,—Fuertes
ilnvias en los Estados del Centro
y del Sur de Estados Unidos y
frío en el Oeste, días 6 y 7.—
Tiempo agradable, dins Γ> nl 12.
y caluroso con lluvias en los Es
tados del Sur.—Período tempes
tuoso del 13 al 16 y fuertes Ivien
tos en las cercanías del Golfo :le
"México y Sur fiel Atlántico.—Ca
liente y agradable, del 16 al 20.
Vientos en el Oeste, Tiempo va
riable del 20 al 22, con vientos
calientes en el Sur.—Vientos en
«4 S\ir del 23 al 20.—Onda fría
• el 26 al 2S. Nublado y lluvioso
«1 28.—Tiempo variable del 23
Reglas para usar estos pronósti
cos.
Hit y que tener presente la re
frión á que se refiere cada anun
cio de tiempo.
Las lluvias pueden ser 12 bo
ran antes ó 12 horas d<*»pués del
tiempo 'mareado.
Los períodos calurosos ó fríos
puedan retardarse hasfa 5 días.
Los de tormenta ó tempestad se
pueden rctardnr t.r'»s días.
Una tormenta ó tempestad a
barca una zona de terreno muy
extensa, dentro de la que pucd<*
haber al mismo tiempo en los di
ferentes luffar^s que domina, tem
pestad eléctrica, vientos huraca
nados ó lluvias. Cuando se a*
twncíe "tormenta1' habrá uno
de estos tres fenómenos.
Un resfrío pulmonar que se ero
yó se podía ettrar solo ha sido
muchos veces el principio de una
enfermedad que ha acabado fa
talmente. Se puede curar toman
do dósis frecuenfes de ΠΑ
LÍiA TIB'S IfODRHOTJNB 8Υ·
HTJP. Detiene el progreso d<> la
enfermedad y ayuda al restable
«Lmiento de las condicione* nor
males. Precio, 25c., 50e. y *1 00.
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•ortbl·, KNHJflM «Mi
INTfmNATIONAL Sfjrri.T Ce.
fl-1» fcwit WtbS*. N«t Y«?h Ν. T.
VIVIO POCO MEMOS de OIKN
AÑO»
(Bastrop, Tex., Marzo 15,
Jamos Tows^nd, de los prime
ree pobladores do Bastrop, murió
A las sein do la meflana de hoy
«il la enea de su hija, la señora
a Fannie Kennedy, A la «dad de
año· 28 diae.
16 apesarado diciendo <ine
tenido satisfacción en lie.
gár & cumplir lee cien años.
íIMi
1Μ·
mmvfflM ™
.ΊΓ iW.'Fjf
\ir
.MB — _
POR ROBERTO HYENNE
(Continúa)
CAPITULO XI.
Se organizan varias partidas pa
ra perseguir á los bandidos,
jer/.plar ca3tigo.
piar castigo.
Dos ó tres dins después fueron
jí visitar las tiendas de sus vícti
mas. Después dé haberse apodara
do de los caballos y do las mu
ías se pusieron á buscar los mó
tales preciosos, y so encontraron
en polvo de oro más de catorce
mil pesos.
Joaquín comenzó por tomar po
sesión; después so traslada soon
toda su partida á Yacqui-Oamp.
os peeir, ¿ muy poca distancia do
San Andres, en donde tenía su
lugar de reunión.
Al dia siguiente do su llegad»,
envió por la mañana soí« (U* sus
hombres á las órdenes de Val en
zuela, al Arroyo Oantowa, oon los
animales que tenían do más y
una gran cantidad do plata eneon
trada ontre los amorioanos.
Conservó oerca do sí to»lo « i
resto de la tropa, y comenzó una
serle do expediciones eontra los
enemigos ordinarios, matando y
pillando lodo lo quo oaía bajo sus
manos. A muchas millas alrede
dor do San Andres do Ralveritas
y de Yaequi-Oamp, no se oía ha
blar más que do robos atrevidos,
y nadie sabía quien los había eo
metido, r.i qué se habían huello
los objetos robados. TTabían ahor
eado á unos cuantos hombros sin
quo hubiesen tenido tiempo para
decir cuál era la mano que ha
bía dado o* golpe.
Todo lo que sabían los mineros,
era qne, oomo fantasma*, los la
drones ν los asesinos so paseaban
entre olios sin quo lograsen íl» s
cubrírlos.
Así es que por todas partes no
so veían más que fisonomías »'s
pantadasen Ins cuales so pjntabar
extraños tomoróos pora estimular
la vigilancia do onda eual.
T'J capeen Lilis, diputado She
riff dol eondado, locrró reunir una
compañía do ciudadanos «lo los
más atrevidos rio San A tul ros. ν
on soguida so orhó on bnsoa do
los criminal**. Habiendo sábulo
por un o<pía que Joaquín oslaba
on YacquiOamp ν quo uno «1^
sus hombr s iba con muoha fro-,
cucncia al monto. so trasladó sin
perder Γιοιηρο a.l lugar rlonijamnςΐο.
rooonooió al hombro ouyas soñaa
so lo habían dado y so apoderó
do su persona.
ftorrilio (era Vd) fu/» eond^nado
A la boro j inoonlinontí corno la
drón y íí.sfsino: pero so lo con·
ceodra oí perdón si quería rovo
lar ol seoretn dol ;mílo do sus
camarades. ftl bandido so nefjó
desdeñosamente; oon todo, pidió
quo so j>» doja«o la vida, y to <^om
prometió. da-do oaso quo ιιο τ>Π1 íi
mm ú la partida, á ayudar a los
amorioanos do otra tnanorra» do
suerte, íu una palabra, quo no
dosport íi'v μ las sospcohas do la
partida. Viendo qno no so toma
ba on ournta su proposieión. cam·
bió do tono,
— Ilaovd vuostro dobor. les di
jo oou airo do desafío, y agregó:
—Hí sr» os antoja examinar nue.« ¡
tro badajo, eneontraroÍs on mi
valija un puñal ouya lAmina est/i
aun teñida oon la sanare do un
americano. lío matado oon e«o
puñal 1í){',h do veinte y vrisotro*
no mo podro is matar mas quo un*
voz í
Hsto disenrso fu/» rooibido co
mo do oí·; sorlo. y ol bandido. aín
otra forma do proceso, fué arras
irado /» un árbol y ahorcado,
Los compañeros dol oapitAn FI
11 ; no cacnchando más quo su
cólera, continuaron oumplinndo
oon su deber, destruyendo y que
mando todos los escondites fpie
suponían mto pudiesen servir do
refugio U Ion bandidos; ol incon
dio se V.vantó basta ol ciclo, y
stía llamas esclarecían todns las
montañas do los alrededores A
mucha* millas de distancia.
Joaquin, quo oslaba oon su gen
te en una colina ccrcana, lo vio
y lo oy6 lodo,
Oretfo, dijo riendo con todas
gana*, flnc si nos tuvieran ahora
mitre nnn garras, sentirían mucha*
teutaolonui de haccroo# λ«λτ !
Poire Carrillo! Lo h^n ahorca
do y ein átlrld ac lia ido Λ jun -
tar con m antiguo amigo el vie
jo ^íncltelra; pero caramba, los
primero* iránte amerteanoa que
emontrotnó* han do ir ™ po* '»
vi al infierno, y no será sin quo
me paguen bien caro su pasaje.
Convencido de que la compañía
del cnpií'in HUis recorrería, á ]a
mañana siguiente país en to -
llas direciones, se echó A la mon
taña, decidido á llegar lo más
pronto posible al lugar fijado pa
ra la reunión general, á reunir
allí sin demora toda su gente y
librar batalla á los enemigos que
osaban perseguirlo.
Pasando cerca del molino de
la compañía Peahri, á algunas mi
llas del campo, algunos indivi
duos ocultos tras de un bastimen
to dispararon sobre los chilenos,
de los cuales solo dos fueron lige
ramente tocados.
Joaquin - inmediatamente hizo
I hacer alto y contestó tiro á tiro;
después, eomo el enemigo 110 se
mostraba, entró á la plaza con
Juan Tresdedos y con cinco ó ,
seis más.
Solo encontraron dos hombres,
bastante necios para querer soste
ner un combate cuerpo á cuerpo;
un minuto bastó para llegar al
fin y dejarlos muertos.
Despu»>> de lo cual, Juan Tres
dedos los arrastró fuera ν no ce·
só en su furia !\asta ue no tuvo
mutilados cruelmente los cadáve
res á puñaladas.
Durante ente tiempo, Joaquin
y los que le acompañaban dis
pararon aun algunos tiros do re
vólver a» interior del molino y
se pusieron en marcha.
Iban de] otro lado de la mon
taña del ÍOso, á la cual se llega
por un camino que sigue la cade
na de Santo Domingo, cuando los
chilenos encontraron un campo
chino, de donde, sacaron do 600
á 700 pesos; era todo lo que po
seían estos hijos del Celeste Im
perio.
Juan Tresdedos no pudo dejar '
de manifestar una viva caridad
viéndolos tan dóciles y tan impa
sibles; hubieran "'terido, tanto s
interesaba en su felicidad, disioar
les los pisares y los dolores de
su existencia: pero Joaquin 1·· ,
ordenó «*nr· volviera las riendas y
que pspemse el momento en que <
pudiera sacar su puñal contra los
americanos.
Atravi mron rJ no por Η ran
cho Torman ; después siguieron e'(
gran camino quo va bordeando ni
río basta el sendero que condu
ce A Sari Andrea. Λ una . mMla
poco mjH ó monos do In ciudad,
hay un monto y uní montaña pro
ximn ή Πreasevíllo.
fin »Ί iravoofo; dos americanos
quo viajaban ή pío, fueron des
h cebos \ balazos y so los entre.
Ajaron á Juan Trcsdodos en un
ostjido t ·]. «ίno el miserable, para
satisface;· sed do sangro, no
pudo hacer otra cosa que dogo··
liarlos y destrozarlos ej rostro á
patadas.
Pasando eoroa de un oampamen
to próximo al pneblocito de| An
gel, los bandidos entraron A una
tienda «'onde dormían olía tro a*
lemanes: los despertaron ν ponien
doleg c] puñal en la garganta,los
obligaron A que o η trocasen todo
lo que finían on dinero, que erai
doscientos pe«?oft más ó mono?»,
Juan 1 rosdodos dejó qui· pftr»
t if son sus compañeros; cuando es
tuvieron Λ pocos pasos, so diri
gió hacia los pobres diablos do
los alemanes, quo estaban toda
vía at cerrados, y eon un jura
mento no no era. de lo mAs \
propósito para tranquilizarlos, de.
claró que les iba A cortar el eo
razón á pedazos para castigarlos
por no íener mAs plata. fót noto
hubiera seguido inmediatamente
después do la amenaza, si Joa -
quin, quo habla vuelto sobre sus
pasos, no se hubiera interpuesto
naciendo observar A Juan que
no eran americanos sino alemanes
los inf. Veos con quienes estaba
tratando.
El monstruo Juan Tresdedo* tu
vo que renunciar al placer que
so prometía, y trató aun de de
jar en el camino & sus compañe
ros para volver A ejecutar su * ·
menaza; pero Joaquín que no le
perdía do vista, supo felizmente
impedírtelo.
Algunos días después, uno de
«os homtrto* de la partida, llama
do Floreseo, que ya poco tiempo
antes había manifestado (ílirpflil·
otoños para la traición, declaró A
Joaquín que no podía acompañar
lo mAs í.1IAf porque deseaba vol
νpi\so á Yacqui-Oamp 0011 un fin
particular.
—Cuál os oso fin? lo preguntó
el jefe.
—Ah! lo elijo el otro, con un
tono cío inocencia el más fingi
do, no c * unís que un pequeño
asunto <J« Ínteres completamente
particular.
—No rindo, dijo Joaquin; poro
vo tengo necesidad de tí en es
te momento. Mi intención es ron
nir todos los miembros de la
tropa en el lugar de la reunión
fíeimml, y á no ser que me des
una razón suficiente, no puedo
concede?te lo que solicitas.
—Pero yo, respondió el bandi
do, yo no solicito, yo exijo.
—Entonces, señor Floresco, su
exigencia de usted es inoportuna.
Estas palabras fueron acompa
ñadas de una sonrisa do despre
cio, que pasó rápidamente por la
fisonomía del joven jefe.
—Todos los momentos son bue
nos, replicó Floresco, basta que
yo los encuentre oportunos. Puos
to que usted está de Un humor
poco agradable, no agregan' una.
palabra, pero dispondrá do mí
mismo como so me dé la gana.
Al mismo tiempo el bandido
volvió 1:'. rienda, y s<· apresuraba
retrocedí» ndo en «»1 camino.cuan
do .Toaqnin sacó su revólver y
le mandó que so d-tuviera.
—Qué es esto? lo dijo el rebe
lado, deteniendo su caballo por
la rienda: que tiene usted que
lee ir tornavía?
— Pienso, dijo Joaquin, furioso
[le verso tratado tan villanamon
i
te en presencia de muchos miem
bros re·;· i on temen te incorporados
\ la partida, pienso que tú ores
iin traidor: sin duda querrás ,r
't delatar el camino que seguimos
entreear el secreto do nuestro
isilo.
—Piense usted lo que qui o ra .le
respondió el miserable, que tam
bién sao·· su revólver y al mirt
ilo tiempo dirigió hacia atrás u
la mirara insolente y llena de a·
nena zas.
—All \ ffnto .Poaqum, por In
4aní,a Cruz! tú morir»ft aunque
ίο sea más quo por tu iuxolf^n
•in.
C-nsi · :> «·! inÍHim» segundo ro
lojaron oir «ios detonaciones do
•evólver, y Florosco, morí al monto
icrido, cuyo de mu rsílln. y su on- I
»allo, sirtiondo flotar sueltas Ιηκ
•iondas sobro el cuello, so vino
»xpontai»í amonto hacia la tropa,
Iuo partió á galopo, Cada uno
lo los brndidos condonó nltamont
a locura y la insubordinación do
Plorcscco. y felicitaron {\ .Ton-·
piin do hftborlo cast izarlo tan o
port unamente.
-—No estaba pidiendo tiempo?
•ospondió Joaquin; pues ya 1··
10 dado la eternidad.
Dos li yns después, siguiendo ol
camino «pío penetra profunda
mente o?· las entrañas de las mon
afiílfl, sv encontraron de reponte
ni un nuevo campo, ocupado por
üinco chinos. Aunque cada uno
í&tftbft fnmado de su revólver y
in pufln} no hicieron ese fuerzo
ilguno por defenderse, y se re
lujaron Λ pedir de rodillas que
ic les perdonase la vida.
Tift rebelión de floresco había
ptiesto {\ Joaquin ya de muy mal
tumor -, lo hizo una señal eon la
mboza A Juan Tresdedos, y ¿ate,
tin pord»r tiempo, «o lanzó ba
jía los chinos y los sepultó el pu*
ιοί en el pecho, En aquellos mo
mentos «us ojos Hfí animaron, y
ü verlo pasar de uno a otro ca
lAver, e mplaciéndose en dentro
garlo*, lo habría podido tomar
por una verdadera fiera carril
l/Afft
CAPITULO XII.
íoaaquin y Clarín*. — Encuen
tro lneeperado.
I/Icríu'o ni Arroyo (!anto\va,.Toa
luin pudo eonvoneerse «lo qne
os mero<lrn<1oro« no habían per
TKunofido inactivos, Alguno* cen
tenares (»e caballos galopaban (1a
usá para allá en torla* direcciones
iln oatar domemos todavía y res
pirando libertad.
Uti e' ingar del campamento or·
línnrio so elevaban hermosas tien
la*, que por mía renntones forma»
kan una especie de aldea ¡ agru
mo* alrededor, loa bandido* pe
taban tranquilamente stt tiempo,
mm fn mando al monte y otros
fumando en elgarrito.
A albina distancia, «obre un
<
asiento Cu grama oslaban senta
tlas, al lado de sus amantes, ocho
jóvenes mujeres de ojos nebros,
que conversaban, reían y caul Ji
bán eon toda la alegría eneaula
dora y vivacidad natural de su
edad y de su sexo.
Apenas Joaquin se adelantó ha
eia sus enmaradas, cuando los
cumplimientos y le licitaciones
lo r?eogi«ron por totlós lados; al
mismo tiempo, dos magníficos bra ι
zos de mujer, parecidos á un "o
llar. rojearon su cuello, y los
ojos profundamente negros do su
querida (Marina le dieron la más
amable bienvenida ; tal era la
emoción de esta joven en aquel
moment ), que en vano había pre
tendido pronunciar una frase.
Después de babor respondido
eon algunas palabras en acción di
grafía á Ja acogida quo lo habían
hecho sus compañeros á .loa qui η
s<· retir·'» con su querida á un
árbol, que había adaptado eon
predilección. Allí se sentaron,
seguros fV que no debían de sor
perturbados en su amorosa entre
vista.
—Joaquín, murmuró la jov»-u
mujer, echándose á un lado sus 1»
mogos rizos, que formaban cuadro
á su graciosa fisonomía: has eS.
tado mué 10 tiempo ausento.... O
mucho ti-unpo, y yo no he podido
mono?, de estar triste eneontrán ·
dome abandonada.
—Cómo, Clarilla mía, sola
triste en medio de tantas mujeres
jóvenes y alegi*s!
—Ah! sí; es preeisamento πι
alegría lo que ocasiona mi trist'
za.
—Verdad? Explícate, tpierid ·
mía í quiero conocer el origen Ί *
esto ean.bio repentino. Cómo'
Lloras? Entonces la ««osa es tan 1
seria que moroeoo tus lágrimas.' I
— Sí, Joaquín, lloro, dijo la jo
von, ocultando su cabo/.a <»n ol
sonó de su amanto ; lloro porgue
no puedo retener mis lágrimas:
siento qtK mi corazón está pró
ximo á o.'tallar. To acuerdas lo
tn promesa? Oh! Cuando almn
donaromos esta p<liprosa y desa
gradable existencia para volver
á nuestro bollo pan. tan apa'Mblo
y tan (luico?
—Nuo*íro país? La Sonora?
Oh! pluguiera al cielo quo yo no
lo hubiera abandonado jamás!
Yo no s< iva boy lo quo soy. Poro,
von. Ola rúa mía ν anímalo. Al -
gunos meses más y volveremos h
nuestro \ ais, quo vi*'» deslizarse
tu tranquila infancia; todas ostcs
horas dn duelo serán inmediata
nvmte olv«dadas.
La frer.íc do la dulce y eonfi.i
da jovon al* coloreaba á modid »
quo pensaba on las apacibles
foliaos lionas do su existencia pa
sada ; pero oon su naturaleza vor
!dndorammt* femenina, olla am i
ba A Joaquin á posar do todos
I sus orinónos, y su espíritu s<·
I calmaba cuando sepultaba sum mi
radas on sus ojos sombríos y por
lo mismo liónos do fuego. quo ja
mAs so habían bajado dolante d ·
ningún hombro, cualquiera quo ol
fuese, y quo solo perdían su du -
reza natural cuando so fijaban
on olla.
En oso corazón tan tierno, ojia
tenía Λ * reservo tesoros do ele
mneia dr. que disponía á su n»,·
tojo; por otra parto, rscusaba su
conducta por ol tratamiento do
que hab'a sido víctima en otra
ópoca.
Klla conocía la historia íntima
do Joaq.rn. sus pensamientos, sn<<
pesares, sus luchas contra una
suerte fatal, y la larga agonía,
después do la cual había sucumbi
do la !n nradez primitiva de su
excelcni · natural, lo había decla
rado que terminaría su pelgirosa
carrera tan pronto como hubiera
satisfecho #11 venganza y reuni
do una fortuna equivalente Λ ft··
quclla do que los habían despoja
do los americanos. Había agre.*
gado que entonces se retiraría al
ftstado de Boftora, y construí tí χ
lina casi en donde pudiese vivir
nolo eon ella, fmra no pensar más
que en amarla. Klla lo oía. llena
.ríe fé fpfqne era sincero en sus
Intención' s,y ella se ocupaba bien
paco del qua clfrAn; ella que lo '
^onsidersba Λ la vez como el mis
nob,e> eotno el más «oneroso y eo
tno ηιΛ« hermoso do todos los
hombre*.
^Continuar/i W ei próximo
ndméro.)'
1 '■
UM ESCRITOR MEXICANO DIO
uiift Oonferenoia sobre Arte
en la Exposioión de Pinturas
de la Camele Library.
v ν
Kl señor Julián Óridordonk,ol
sábado on la mañana. dio una con
fcrencia á los niños do las osciló
las, sobro los o fool os do la com
binación do los coloros, 011 Ια ex
hibición do pinturas do artistas
americanos quo aotualmonto s<?
vorilica on el auditorium do la
Carnegie Library. Pa "ooo que
todos los quo oonourriooron á la
oonforoncia quedaron muy ¡ com·
placidos.
No monos complacidos sa'io
ron los quo concurrieron el jue
ves óá la oonforoncia quo dio un
compatriota nuestro, el Sr. Láza
ro Gutiérrez de Lara, on el mis
mo auditorium, sobre "Los prin -
cipios del Arteü" Kl señor Gu
tiérrez di» Lara os un escritor do
habla castellana ventajosamente
conocido en los círculos literia
rios y políticos. Bu último 1 ibi^>
eserrito en inglés y que'desarro*
lia estas cuestiones que te sirvo
de' título: "F>1 Pueblo Mexicano
y su Lucha por La Libertad" so
encuentra ú la disposición 'del
público entro los volúmenes con
que cuenta la biblioteca Carnegie.
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ta, (\ VVnnstiano Carranza.
Ληηψη o Λί r. West no quiso lia
0 of públi -as todas las instruccio
nes que Hoya iron respecto A su
misión, si so «abo quo tratará Μ
01 asunto do ooino los Rstados T*
nidos qui.ioran quo. los extranje
ro# fu o i'ii η tratados on territorio
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