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La crónica. (San Francisco, Calif.) 1914-1917, May 30, 1914, Image 2

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“LA CRÓNICA”
Published weekly by
J. C. Castro
J. de la Fuente
Santiago Silva y M
1358 Powell Street S. F.
Per Annum - - $2. 40
La Correspondencia debe dirigir
se a “LA CRONICA”
1358 Powell St. Cor. Broadway
San Fkancisco. Cal.
No se publicarán anónimos
ni se devuelven originales.
A. DE LA TORRE. Jr.
Special Correspondent
ano Business agent
los pueblos están dispuestos á
defender en cualquier forma: el
honor yla dignidad, No quere
mos que la doctrina de Monroe
mal interpretada, sirva para crear
en América en beneficio de los
Estados Unidos, ni en beneficio
de nadie, nuevos Egiptos y nue
vos Marruecos.
No admitimos que nuestros
prises vayan desapeciendo uno
tras otro. Tenemos confianza en
nuestro porvenir. La mejor prue
ba de que la América latina no
está incapacitada para la vida
autónoma, es la prosperidad sor
prendente de algunas de las re
públicas del Sur, casualmente de
aquellas que por su volumen y
sus relaciones con Europa se ha
llan á cubierto de toda influencia
norteamericana. Para que las re
giones que hoy atraviesan dolo
rosa crisis entren á su vez en una
era análoga, es necesario, señor
Presidente, que las compañías fi
nancieras del Norte se abstengan
de complicar nuestros asuntos,
que los sindicatos de Nueva Tork
y de Nueva Orleans, renuncien á
favorecer revoluciones y que los
Estados Unidos reanuden noble
mente la obra de acercamiento y
de fraternidad, que tan buenos
resultados nos diera en los pri
meros años á los unos y á los
otros.
Los hispano-americanos han
tomado conciencia de sus desti
nos: las querellas locales, por
agrias que sean, no bastan para
hacerles perder de vista sus in
tereses superiores; los países más
sólidos, que ya han alcanzado
próspera estabilidad, empiezan á
sentir las responsabilidades his
tóricas que sobre ellos pesan: y
hay un movimiento visible, una
agitación grave que no puede pa
sar inadvertida (tara ustedes.
Vuestra presidencia, señor, mar
cará un gran momento de la po
lítica universal, si de acuerdo con
la situación, dais fin á la táctica
absorbente para volver á la sana
tradición de los orígenes. La
América sólo estará unida, la
América sólo será realmente “(ja
ra los americanos”, dando á esta
palabra su amplia significación,
cuando en el Norte se tenga en
cuenta que existen dos varieda
des de americanos y cuando, sin
vanas tentativas de preeminen
cias, con escrupulosa equidad, se
desarrollen independientemente
los dos grupos, en una atmósfe
ra deferente y cordial.
Repito que hay una gran an
siedad en América, señor Presi
dente. El Continente entero está
pendiente de vuestros actos. Si
la política cambia, la campaña
que hemos emprendido cesará al
instante y volveremos á ser los
más entusiastas partidarios de la
gran nación.
Si no cambia, tendremos una
desilusión más; surgirá una nue
va causa de discordia entre los
hombres y arreciará la agitación
perjudicial para vuestro comer
cio, porque seguiremos defen
diendo cada vez con mayor ener
gía nuestro territorio, como vo
sotros. colocados en parecida si
tuación, hubiérai| defendido los
vuestros, seguros de cumplir con
un deber y de contar con las sim
patías del mundo.
Tengo el honor de saludar al
Sr. Presidente con mi más alta
; consideración y respeto.
Manuel Ugarte.
LA COLONIA ESPAÑOLA
DE
Vacaville, California.
Antes que sucediera la confla
gración de 1906. era no solo esca- i
sa sino nula la colonia española
en el Estado de California.
Por aquel entonces y como con
secuencia del gran prestigio con
quistado por el obrero español en
el dranaje del Canal de Panamá,
se organizaron por las compañías
azucareras de las Islas Hawaii,
varias comisiones que fueron á
España derramando goyerías á
la caza de emigrantes, que con
siguieron arrancar del nativo sue
lo en caravanas formadas por
centenares de familias.
Pingües eran las ofertas que
hacían los comisionados y Jauja
era la tierra que les ofrecían pa
ra emigrar. Pero distante de la
realidad y lejano de la verdad el
tangible resultad» , los españoles
que llegaron á las Hawaii por los
años 1906 y 1907, se vieron pre
cisados, ya que n< en defensa de
las haciendas que les ofrecían y
que nunca les cun plieron, en de
fensa sí de sus vi as que allí se
agostaban lenta y miserablemen
te, por las inclerm ncias del clima
y rudeza de los t 'abajos á que
eran sometidos, i alir de allí y
buscar nuevos ho izontes donde
llevar sus energías y hábitos la
boriosos y que á 1., vez mejorase
su condición de ge te, harto con
fundida en aquelh 3 parajes con
la del esclavo ó el liervo.
Ya en el año 19 'B, eran com
pactas las familias'que cruzaban
el Pacífico y se instalaban en di
ferentes puntos de California.
En los años sucesivos la corriente '
emigratoria aumentó, como con
secuencia de las noticias llevadas
á Hawaii de que los españoles
aquí la pasaban mejor; y cierta
mente y para satisfacción de to
dos. el español en California ha
lla elementos de indiscutible a
daptación.
Entre las colonias, que mejores
resultados han tenido, y que más
rápidamente crece, se destaca la
radicada en Vacaville, y puntos
limítrofes que se extienden á lo
largo del valle de Suisum. Ac
tualmente pasan de 206 las fa
milias allí establecidas que dan
una población no menor de 600 á
700 almas.
Llegaron allí al azar, en las
épocas que se recolecta la cose
cha de frutas, riqueza principal
de la mencionada zona. Concu
rrieron por algunas zafras, y
siempre fueron preferidos á otros
trabajadores, porque el espíritu
de laboriosidad y pruebas de hon
radez eran destellos que á diario
ofrecían á los patrones.
Comprendieron que la estabili
dad y permanencia (en los traba
jos eran necesarias para resur
gir y librarse de la estrecha sol
dada del peon. Algunos se h¡-
LA (’ROÑICA
cieron colonos celebrando contra
tos con propietarios de terrenos,
y otros más hábiles se orientaron
por vias distintas, estableciendo
negocios que ya la importancia
de la Colonia demandaba.
Hasta aquí el origen y causas
que determinan la existencia de
nuestros compatriotas en la prós
pera y coqueta Vacaville.
La romancesca fama que los
españoles tenemos esparcida por
el mundo y muy principalmente
en los Estados Unidos, que so
mos de un pueblo de r nn Yde
foro se va eclipsando, como se
eclipsa todo aquello que lanza la
pluma del antagonista sin escrú
pulos de ollar la verdad.
Si las pruebas de ser inteligen
tes, denodados y fuertes que han
dado en la obras del Cadal, no
fuesen bastantes, heles aquí en
la dorada y cantada California
dando pruebas sin cuento de ci
vismo, de trabajadores y aptos
para todas las empresas. Lle
gan á una tierra donde por care
cer del idioma no los entienden,
y sin embargo se imponen por su
trabajo y se les estima por sus
cualidades.
Si el ingenio que el español
pródigamente derrocha en tierras
extrañas, lo ofreciera allá en el
viejo solar, España sería la Na
ción mas avanzada de Europa;
la época de la Invencible apare
cería en nuestras hoy marchitas
páginas históricas.
Así la masa de españoles que
cooperan al engrandecimiento de
Vacaville, merece de toda justicia
los plácemes de todos sus compa
triotas. Han cooperado con sus
hechos no solo á la prosperidad
del pueblo que les ha dado fran
ca hospitalidad sino también al
buen nombre y ‘conocimiento de
España en estas tierras que tan
tos afines tiene con ella.
Antaño eran los ejércitos de
Carlos V y las lanzas de Telipelt
las que se lanzaban á la conquis
ta de pueblos ignorados y para
jes selváticos. Hoy son los hom
bres de la España rejuvenecida
los que se lanzan á la América
de Colon fortaleciendo su crédito
á la sazón dudoso; los que espiri
tualmente se identifican con el
hijo del país construyendo con la
sabia de su trabajo, un prestigio
y un nombre.
‘La Crónica’que en su progra
ma ampara todas las causas dig
nas de encomio, felicita efusiva
mente á los españoles de Vacavi
lle, y les anima á que sigan sin
vacilaciones ni desmayos, por el
camino emprendido, ofreciéndo
les sus modestas columnas para
toda acción que reclame la de
fensa de sus intereses.
Fernando Garcia Muñoz.
ABOGADO
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sas en los Tribunales de los Es
tados Unidos, asi tido por Sa
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JUNTO AL TIATUO NUIVO
LUISA TURPIN, Prop.
Sa lu'üa...? î£a brüiaima ©lrrita
“La Crónica*' anunciaba en
en su último número, el debut
que tuvo lugar el pasado Domin
go, en el Orpheum, de la sim
pática pareja de bailes españoles,
la gentil “Oterita” y el notable
maestro “Turrion.”
Cuando después de tar tos a
ños de alejamiento de aquello
que se llama “lo suyo,” de lo
tan genuinainente español, se
nos ofrece por caprichos de la ju
guetona suerte, la oportunidad
de admirar esta artista it-,com
parable que se llama porsacra
mental acuerdo de la “pila”
Eulalia; por erodad de su padre
“Franco” y por sinonimia de la
diosa Terpsicore “Oterita,” en
tonces, por breves momentos pu
es al fin la brevedad es un algo,
siéntese uno transportado desde
el ¿paraíso dije? paño del
Orpheun á las bulliciosas butacas
de Hornea. Eslava y Novedades.
Lo de, las bulliciosas butacas, es
paradójico, nada más.
Hr hablado con una valli
soleta enmarcada en una ne
grísima y copiosa cabellera; ni
diminuta ni mujerona' ni frágil
ni pesada, ni niña ni de edad vi
ril; de sus ojazos que guardan
negras pestañas firmes y tersas,
que al cielo robaron la color y
que cuando se mueven hechizan
y enloquecen. ¿Que quién es?
Allá voy.
La hablé y la supliqué me
permitiese publicar en “La Cró
nica” su retrato. Concedido. La
rogué algunas notas que amable
mente me otorgó y héme aquí,
lejos de mi realidad, cuartillas
limpias y lápiz en ristre, dis
puesto á consumai' todos los pla
gios habidos y no habidos; siem
pre no hemos de decir y “por ha
ber,” y á repetir de memoria
todas las Crónicas de Saint Au
bin y Honafoux, antes de incu
rrir en el más leve, aunque in
voluntario desacato, que sería
sino de lesa Majestad, si de lesa
Oterita que para mi es una Ma
jestad.
Un cronista que no soy yo.
y que sabe de estas cosas mucho
mas que yo, porque yolas ignoro
y por atrevido me meto en ellas,
comentando el paralelo entre las
dos Otero, la mayor y la menor,
dice: “Plagiar en diminuto el
nombre de una artista como la
Otero, en otra sería atrevimien
to, osadía: en la Oterita. no; en
la Oterita es modestia. Con la
Otero puede competir en hermo
sura y superarla en arte. La
Otero es sugestiva como mujer,
como artista deficiente; la Oteri
ta encanta; es una monada dimi
nuta, como mujer; una genial,
gigantesca como artista. ” Esto
se ha dicho en los madriles, por
un señor que se llama Pepe Luis
y que yo no se si será el de la
Buena Sombra, pero sí que en
tiende de esto del “eterismo. ”
Luis Bonafoux, el escritor genial
y diabólico, cuando habla de la
encantadora paisana nuestra, di
ce entre otras muchas cosas:
"Tiene Oterita la flexibilidad del
junco y la agilidad de la ardilla.
Es una serpentina."
Sus triunfos han sido tantos,
que me decía llena de reconoci
miento al público: “nunca con
mi trabajo remuneraré las mer
cedes que me ha dispensado” y
sin embargo folletos y revistas
enteras se han dedicado al arte
genialísimo de esta admiradísi
ma española,
Su acogida en el favorecido
Coliseo sanfranciscano, lo paten
tiza el que á las horas regulares
que en semanas anteriores nu
tridas filas de espectadores de
mandan sus billetes, se hayan
trocado en una no interrumpida,
desde las horas de la tarde hasta
que la taquilla ahita de parir
águilas, anuncia que todo el pa
pel se ha quemado. Esto viene
sucediendo durante la presente
semana.
Del maestro Turrion, si no te
miese enfedarlo diría algo tam
bién que le hiciera justicia. Pe
ro él me dice que no ha venido á
San Francisco por aplausos, por
que ya pinta en canas, como yo.
Ha venido por sellos porque es
coleccionista, vamos filatélico.
Cuando me despedía después
de ser obsequiado, por mis inter
v udados, con un sorbo, ¿de qué?
de manzanilla de la que importa
Jesús Peruchena, la señorita Eu
lalia Francome interrogó dicién
dome, y que ¿los paisanos no
vendrán á verme? Un sudor co
pioso emanado de la duda, me
impidió responer á tan bondado
sa paisana. Ella lo comprendió y
aún me dijo ¿será posible? No
quería ser, yo, caun de dejarla
con tan pésima impresión de no
sotros. La dije que sí y hasta me
atreví á ofrecerle que el Sábado
por ser su última noche de cir
cuito en San Francisco, la colo
nia hispana daría palpables seña
les de vida, con sus clásicos olés
y lo subsiguiente.
Y ahora va de reto. ¿Seremos
tan ruines que ni aún una grada
de diez centavos, la dedicaremos?
Cuestión de climas.
Garcimuñi.

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