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La democracia. (Ponce, P.R.) 1890-1948, September 01, 1892, Image 2

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La Democracia
La Democracia
POXCK, JL'KVKS, STT5HK. 1? DE 1802.
PRO PATRIA SKMPKK
Olí, la juventud! .
En todas partas el porvenir le
pertenece, la esperanza le sonríe, el
entusiasmo la sacude, el estudio la
eleva y el combate la viriliza.
Aquí, por virtud de una aberra
ción moral espantosa, la juventud
se inhibe, rehusa el sacrificio, ceja
ante el obstáculo y contempla im
pasible la catástrofe.
El pesimismo la mata, la inac
ción la atrofia, el burdel la enerva,
el bacarat la pervierte y la indife
rencia la anula.
Es fuerza negativa que no res
ponde al impulso: es nota débil que
no entra en el concierto.
Para ella no hay más himno que
1m ilnir'i. comido vn ni m:Ts ideal OUC
la fiesta búhente, ni más ambición
ntc el aurífero metal acumulado, ni
más gloria que el torpe deseo cum
plido.
Cuando el terruño irmio v tiem-
11m linio pl ni do sus onresores. v
el látigo desgarra las carnes del puo-
blo, v la exacción nos arruina y la
injusticia nos hiere, la juventud or
ganiza sus bailes, sus cabalgatas,
sus alegres rondas y sus vulgares
orgías.
Convocad el meeting y no os se
cundará, subid á la tribuna y no os
oirá, escribid el apóstrofo y no os
leerá, avanzad sobre el peligro y no
os seguirá.
El libro la cansa, el periódico la
aburre, pasa en silencio ante la ur
na y se encoge de hombros ante el
país (pie se retuerce en convulsio-
nes agónicas.
Fainas la vimos reclamar un pues
to en las vanguardias de la - idea ;
jamás la contemplamos resuelta y
varonil en los grandes días de la
lucha.
Bloque do piedra inconmovible y
frío. íihí la nrroió la ignorancia v
ahí permanece, núís como una ruina
decrénira fino romo una bastión !
pita fino
amenazante.
Debería subir y desciende ; debe
ría escalar las cumbres y baja los
pantanos; debería brillar semejante
á los soles y brilla. . . semejante á
las luciérnagas.
El baile la atrae con magnético
influjo y baila aunque el país su
cumba, aunque la tiranía prospere,
aunque los verdaderos patriotas su
fran los odios del poder que les fla
gela. i Hay excepciones? Las hay. En
las horas tristes, seis, diez, veinte
mancebos vencían el marasmo de i
Jos trópicos y trabajaban por el de
coro de su cuna, mientras la mu
chedumbre juvenil iba ensayando
por esos boulevares el ritmo del de
léite. Quo esperar de un porvenir con
fiado d tales elementos?
Los veteranos caen, unos tras
otros, en el sepulcro y nos dejan en
amarga soledad y .en;,' irremediable
abandono. ,
Vinimos á las lides de la prensa
en días de sopor profundo y de luc
tuoso desencanto: auscultamos al
país como se ausculta á los enfer
mos graves; con. delicadezas infini
tas: la sangre fluía lenta al corazón.
Sacudimos en su lecho de algas y
espumas al paciente, le propinamos
excitantes, y nada: el país se moría
do anemia bajo su cielo azul sin nu
bes. FO
I N w
JOIiOK OKXF.T
DEUDA DE ODIO
Tttión castellana de Juan García Al-drjuer
PRIMERA PAUTE.
II
(Continuación)
llanta entonces había mostrado á su primo
mucho afecto. Había sentido siempre mucho
placer al verle; pensaba libremente unto él:
mostrabas cou naturalidad, tal como ora, con
franqueza y sencillez de su carácter. Entre ella
y él nunca hubo secreto. Todo se lo decían, y
Teresa se había explicado con una confianza y
una seguridad absolutas (Miando Raimundo le
preguntó acerca ríe sujs veleidades religiosas.
A decir verdad, en aquella misma época,
algunas semanas antes de la llegada do Ja se
ñora de Saint-Maurice, el corazón ue la joven
era libre, y si ningún sacrificio se habría con
sagrado al culto del Señor renunciando á todas
las alegrías do la vida. Si amaba á Raimundo
era Como una costumbre, y tan naturalmente,
que no se daba cuenta de ello.
Viendo al marino mirar á Lydia fué como
Teresa se estremeció por primera vez hasta el
fondo del alma. Notando que tenía una rival en
el corazón del joven, y una rival preferida, fué
como no encendieron pus celos, descubriéndolo
pus sentimientos reales. Sintió un horrible do
lor, en primer lugar, porque se le escapaba un
afecto que ella f veraba que le fuera siempre
fiel, V luego porque estaba humillada al sentirse
envidíela de la d: .a do Lydia. Para aquella
joven delicada y generosa, los celo fueron
considerado como un sentimiento bajo, casi
degradante, )' tomó la firmo resolución do uo j
Qué es esto? nos preguntamos
es decrepitud prematura, traida por
vicios de herencia ó por desórdenes
.1
rvwMtilinc'
Es pobreza constitucional que
no cede á ningún agente terapéuti
co, que resisto al hierro y al tanino
y que trae en pos de si la imbecili
dad ó la muerte?
; Ah, nó! Es la atonía moral, es la
postración de todos los elementos
activos; es la voluntad que retroce
de sin lucha y sin gloria.
Pero aún queda un recurso pen
samos el tiempo: aún queda una
esperanza: la generación que uos
sigue. Y volvimos los ojos á la ju
ventud puertorriqueña, y la habla
mos de su ministerio sublime en el
futuro, y la invitamos á penetrar en
el hemiciclo donde se resuelven los
arduos problemas y se afrontan los
grandes dolores.
Fué inútil. El chas-ritas de Tas
bolas ebúrneas repercutía en los
ámbitos del Casino y del Club; las
las notas sollozantes del piano lie
naban de melodías etéreas laatmos
fera: los vehículos rodaban por las
calles con incitadores balanceos; las
máscaras reclamaban su tributo, y
nos quedamos solos en frente de los
déspotas, y contemplamos absortos
de que guisa la suerte de Puerto-
Rico no importa a esa legión juve
nil, que ha adquirido la costumbre
de la ergástula y que acepta las in
ferioridades vergonzosas del servi
lisrno. Quisiéramos hallaría en todos los
círculos, así en los colegios electora
les como en los saraos de la socie
dad distinguida ; así en las tertulias
literarias como en los negocios productivos;-
así en las logias, que con
sagran la fraternidad, como en los
centros donde reina la alegría; así
en el baile y en la retreta, como en
las redacciones v en los comités.
Y la encontramos en la retreta,
en el baile, en el club, en los nego
cios, en los saraos : en lo.- comités,
en las redacciones, en las tertulias
literarias, en las logias, en los colé-
gios electorales, jamas.
Y h juventud no puede vivir age
na á las angustias de la tierra nati
va; sin caer en el culto egoísta y
bárbaro del propio interés; sin ren
dir parias a un epicureismo sensual
V desastroso.
Comprendemos que seduzca el
murmurio de la danza y (pie arrastre
el halago de la belleza y que fascine el
atractivo mágico de la hermosura y
de Ja gracia ; pero los ciudadanos
viriles no visitan nunca los templos
de la molicie, sin haber cumplido
sus deberes cívicos v sus deberes
morales.
Cubrir la faz con la fónica roja
de Terpsícore cuando el país está
pidiendo á Themis sn espada flamí
gera es suscribir la propia esclavi
tud y, á cambio de un goce pasajero
y efímero, dar asentimiento á la rui
na y al vejamen.
Mientras so nos trate y considere
como siervos de la gleba, adscritos
al señorío feudal ; mientras so des
troco la fortuna pública y se nos
niegue toda intervención en nuestra
casa, en nuestros intereses, la ju
ventud, si ama á su país, llevará la
protesta en el alma y el luto en el
corazón por el ideal muerto y por
la patria esclava.
CKÓNICA
Desde que el Directorio de nuestro
partido acordó, con muy buen juicio, Ja
abstención electoral, no se ha vuelto
decir una palabra de política, como si
dejarlos ver jamás. Desde entonce púsose so
bro sí, y cuando Lydia y Raimundo estaban
cerca de ella, cu rostro se hacía de mármol, pa
ra no descubrir nada de lo que la martirizaba.
Cuando se quedaba sola tenía accesos de deses
peración, durante los cuales expiaban los ojos
penetrantes do Leila.
Sin la mulata nadie habría podido sospechar
nunca el amor que Teresa había consagrado
desesperadamente á Ploerné. Pero de qué ha
bía de servir el descubrimiento de la nodriza,
puesto que Lydia, poseída de un soberbio é
inconsciente egoísmo, no tenía para nada en
cuenta los sentimientos de su prima, y, con
una serena ferocidad de ídolo, aceptaba los
mudos homenaje de Raimundo, aunque de
biesen costar á Teresa todas las lágrimas de su
corazóu?
Sin embargo, una circunstancia prevista por
el marino, aclaró la situación.
Llegó una orden de embarque para el te
niente Ploerné. Debía, sin tardanza, ponerse á
disposición del prefecto marítimo de Tolón y
p.irtir para el Tonkín.
Era en el momento en que la expedición
francesa encontraba las más graves dificulta
des. El almirante Courbet acababa de tomar el
mando del ejército y marchaba obre Hanoi.
Para un soldado como Ploerné, todo era moti
vo de alegría en aquella orden de embarque,
que le llevaba á donde se batían, donde había
servicios que prestar, ascensos y glorias que
recoger.
Seis meses antes, Raimundo habría saltado
de alegría. Ahora amaba, y se dispuso con va
ronü tristeza á obedecer las órdenes de sus
jefes y á abandonar la Francia.
Aquella misma noche se presentó en el hotel
de la avenida Hoche. ' Contra su costumbre
iba de uniforme. Al entrar en el salón,
donde estaban la señora de Saint-Maurice,
Lydia y Teresa, fué acogido por las exclama
ciones de las jóvenes :
Cómo, de gran "uniforme? Qué significa
eso! Venís de alguna recepción oticialf .
Vengo, en efecto, del ministerio respou-
aquella determinación fuera la voz de
mando lanzada para que nuestros co
rreligionarios, abandonando el arma
del combatiente por el cayado del pas-j
tor, se retirasen a gozar de las dulzuras
del hogar.
Nada más erróneo ni más lejos do la
mente de nuestros directores políticos.
Abstención no quiere, decir rct rai
miento absoluto. El acto realizado por
el' Directorio es un acto de protesta que
lanza un partido obligado á ello por las
injusticias y pretericiones de un gobier
no, cuya parcialidad irritante, no puede
soportarse dignamente. Ya que nues
tros adversarios mediante esa protec
ción gubernamental, han logrado apo
derarse del manejo de la cosa pública,
se impone la necesidad de abandonarles
pfT'coinpleto la administración del país
para que sean ellos los vínicos responsa
bles ante la historia y ante la nación
del enorme desbarajuste en que ha de
hundirse esta isla, sin que se escuden
con nuestra intervención.
Pero, quiere decir esto que renun
ciemos por completo á nuestros ideales,
Ypie ahoguemos en los pechos todas
nuestras nobles aspiraciones, y sentados
á las puertas de nuestras tiendas, aguar
demos, con la calma de los desesperan
zados, á que se cumpla lo que está
escrito t
De ningún modo. Hoy más que nun
ca se necesita poner en juego todas
nuestras actividades y ent usiasmos. Hoy
más que nunca se hace necesario infiltrar
en nuestro organismo político mayores
dosis de vigor y energía.
Conocidas son las condiciones espe
ciales de nuestro pueblo; sabido es qué
el marasmo y la laxitud son las grandes
enfermedades morales que agobian núes- j
tro espíritu, y que el campesino puer
torriqueño, si bien en los momentos de
lucha, una vez fogueado, no retrocede y
vá á la defensa de sus derechos, también
es una verdad, que si llega á apoderarse
de él la inacción, hay que apelar des
pués á grandes reactivos para ponerle
en movimiento ó infundirle nueva fé y
nuevos entusiasmos con la incansable
persistencia del que galvaniza un cadá
ver. Por eso es indispensable para la vida
de nuestro partido, no esperar á que lle
gue ese doloroso instante para poner en
ejercicio nuestra actividad.
Ejercítese ésta en organizar comités
allí donde no los haya ; en nutiir las
listas electorales con fuerzas nuestras,
pues en casi todos los pueblos hay gran
número de correligionarios que no figu
ran en ellas, á pesar de tener derecho
electoral, pues, víctimas de una apatía
censurable, no se toman el trabajo' de
reclamarlo. Y si bien, por ahora, no
vamos á concurrir á las urnas, hav que
estar convenientemente preparado paral
cuando llegue el momento, que algún
dia llegará, de ejercitar ese derecho.
Muchos de nuestros correligionarios
no avesados en la práctica de la política
ni en la marcha de los partidos, podrían
creer, que el no concurrir á las urnas
implica el abandono completo de los
ideales que siempre hemos venido de
fendiendo, y este error había de aca
rrearnos grandes niales difíciles de
combatir, una vez arraigados en la con
ciencia popular.
Cuando un ejército está acuartelado,
no por falta de enemigos á quienes com
batir se le deja en la inacción, sino que
por el contrario, constantemente se le
tiene en ejercicio, ora simulando bata
llas y asaltos, ora emprendiendo grandes
jornadas, para que, llegado el momento
de defender la patria, se halle apto y
dispuesto para entrar en combate.
Los partidos políticos son también
grandes ejércitos que llevan por armas
ideas, y conviene que éstas estén siem
pre en ejercicio.
Abstención de votar no puede ser nun
ca abstención de pensar. m
Estamos en época de cubiletes y esca
moteos. En estos tiempos de hipnotismo y
magnetismo ; en que unas manos hábiles
vencen á la cabeza más pensadora ; en
que todo se falsifica,, hasta el amor; en
que los sentimientos se llevan bien abri
gaditos allá en el fondo del . alma por
dió Ploerné con una sonrisa pero no había re
cepción, muy al contrario.
; De asuntos ?
.Muy serios :
Sí, de asuntos muy serios. Me marcho ma
ñana con urgencia.
Os marcháis!
Esta exclamación se escapó á la vez de loa
labios de Lydia y de Teresa, con la misma en
tonación y revelando un interés tan semejante,
que las dos jóvenes enrojecieron y se miraron
llenas de turbación.
Y adonde váis! preguntó Lydia repues
ta la primera de si; emoción. Lejos?
Muy lejos.
Para mucho tiempof
Para mucho tieiupo Acaso para siempre.
Y tendréis que batiros?
Ya sabéis dijo Ploerné con melancolía
que para irtsotros los marinos no es necesario
que tengamos que batirnos donde vayamos,
para que' corramos peligros. Lámares ten-i-ble,
los climas son mortíferos. No tenemos
más que elegir para encoutrar ocasiones de ju
garnos la vida. Allá adonde voy todo está
reunido: peligros del mar, del clima y de la
guerra. Por lo demás es un puesto de honor.
Allí no se envía más que á los oficiales con
quienes se puede contar. ... Ascenderé, ó. . . .
LI marino hizo un gesto decidido, ilumino
su stro con un rayo de confianza y con voz
firme.
Sí, ascenderé! Cuando vuelva tendré cua
tro galones en mi manga, seré capitán.... Lo
más difícil de mi carrera estará hecho.
La señora de Saint-Maurice que había escu
chado, primero con sorpresa, después con in
terés, las preguntas y respuestas cambiadas
rápidamente delante de ella, aprovechó un mo
mento de. silencio, y dijo :
Como, sobrmof Apenas nos hemos reuni
do, y á costa de tantas penas, y ya nos vamos á
separar: Llegamos nosotras, y en seguida os
váis! Verdaderamente es una noticia muy tris
te. Y á dónde váis lijamente f
Parto, tía mía, pasado mañana para el Ton
temor á que se constipen v solo la hi
pocresía v la traición se presentan en
público, dispuestas á entretener, á la
humanidad por algunas horas; en estos
A ' lA . . ' ' A?
tiempos, repito, que importa un jtrc.su
digitador más?
Nada nuevo, pues ha venido á ense
ñarnos el señor Enireb, y eso que hav
que convenir en que es muy entendido
en e?o de cubiletes.
Aquí no hará gran negocio el señor
Enireb, porque lia tenido la mala Mier
te de llegar á la ciudad de los escamo
feos.
Que él escamotea un duro, y después
de hacerlo pasar de mano en mano lo
devuelve a su dueño intacto y puro?
Bah ! Eii clase de jugarretas no la
practican ya aquí los hombres, porque
resultan inocentes.
Hov son del dominio de las mujeres
Dama conozco que le escamotea á uno
el corazón, v después de jugar con el
a
su antojo, lo devuelve tan estropea
do é inservible que da trabajo reco
nocerlo. i No ha oido hablar el señor Enrcel
de la aparición y desaparición de las
velas 7
Aquello sí que fué famoso.
Diga usted que el autor de. aque
escamoteo no necesita, para vivir, dedi-
carse á ese oficio.
El lo hace por. . . . afición al arte.
La otra noche, mientras el señor Eni
reb sudaba la gota gorda para escamo
tear medio litro de vino, había allí, en
un palco, un caballero muv conocido en
esta localidad, que no cesaba do limpiar
los vidrios de sus lentes para montarlos
sobre ta nariz.
Y con que insistencia se fijaba en los
escamoteos de Emreo !
Parecía desafiarle con la mirada v con
aquella sardónica sonrisa, como dicién
dolé:
Cubiletes á mí. . .! Vaya una gra
cia. Amigo, á usted so le han mojado
los papeles, lo, sin alardear de nada,
porque soy muy modesto, cojo á Enireb
v á toda su compañía, y los hago saltar
desde la plaza'del Mercado á la Alcaldía
de Juana-Díaz, sin tocar en el fielato
del Coto. Vaya que lo hago saltar. .
Y volvió á limpiar los lentes y
a
calárselos de nuevo, fijándose en el
escenario con mayor curiosidad, pues
Enireb iba á presentar el novísimo es
pectáculo de suspender en el aire á una
garrida moza.
En esto sí que me vence el presti
digitador peruano.
Pero apenas quedóse la joven vaga
tundeando por el aire, el caballero del
palco lanzé) una carcajada, que cruzó
por el teatro á modo de silba.
Y á esto llaman susjtensión. Pero
qué atrasados están en el Peni! lo, sin
valerme de esos artificios, soy capáz de
suspender, do empleo y sueldo, á una
docena de hombres, i después... que
suba el público á inspeccionarlos, en la
seguridad de que no dará con causa al
guna que justifique la susjwnsión.
Y cuando, acabado el espectáculo,
salía por la puerta principal del teatro,
le oímos exclamar regocijado :
Bah ! Bah! . . . Aparatos! . ..Apa
ratos. .! Yo sí que soy cubiletero!
Entre los gratos recuerdos que con
servo de mi estancia en Granada, esta
aquella hermosa tarde de primavera en
que, bajando por la poética esplanada
que conduce de la Alhambra á la ciu
dad, me detuve á descansar bajo el tol
do de hojas verdes que formaban las
palmeras á un lado y otro del ca
mino. El sol empezaba á ocultarse tras el
enorme picacho de la Sierra Nevada,
dejando caer sus últimos rayos sobre
Albaicín. el pueblo de gitanos, que se
extiende á las faldas del Sacro Monte,
con sus casitas blancas, que semejan
bandadas de palomas descansando sobye
la yerba del campo.
Acababa de visitar la Alhambra y
tenía la cabeza llena de leyendas mo
riscas y de fantasías orientales.
No sé si el recuerdo de la desgraciada
suerte de aquella raza soñadora ó la so
ledad que en medio de tanta poesía me
rodeaba, llevaron á mi alma una tristeza
tan grande, que me recosté en uno de los
kín, en el vapor Normandia con otros cuatro
oficiales y doscientos cincuenta hombres. Vamos
á llenar los huecos que hay en el estado mayor
y en las tripulaciones. Desde allí, según las ór
denes quo recibamos del almirante á nuestra
llegada, nos reuniremos á él en Hanoi ó nos
incorporaremos á la escuadra. En tierra ó en
mar, acaso en el uno ó en la otra, nos batire
mos, esto es lo que puedo aseguraros, y de fir
me. Porque gentes á quienes se lleva tan lejo.
no están de buen humor, y cuando pegan, pe
gan fuerte.
Mal oficio es el vuestro, sobrino añadióla
señora de. Saint-Maurice. Pero lo que más rae
disgustrt xa sería la navegación. Me ha destro
zado tanto mi travesía de la Martinica á Fran
cia, que aunque se tratara de mi vida, no la
volvería á comenzar. . Así, no me puede entrar
en la cabeza que haya miedo de vivir á bordo
de vii es tros barcos. Estar sin cesar saltando
hacia adelante, de lado, sobre aquellas tablas!
Me parece que preferiría hundirme en el mar
para acabar en seguida.
Raimundo y las jóvenes dejaban á la conde
sa discurrir á sus anchas y no la escuchaban.
Se habían agrupado cerca de la ventana" y ha
blaban en voz baja.
Al cabo de un instante, por un acuerdo tá
cito, se levantaron y abrieron una puerta de
cristales qe daba al vestíbulo y bajaba al jar
dín. Se ahogaban en el salón, y tenían necesi
dad, para sus corazones oprimidos, del aire
libre y la frescura de la noche.
Llevad cuidado con el frío! les gritaba
la condesa, siempre transida. Son tan húme
das estas noches de Francia, auu en el mes de
Julio!
Llamó á Leylia y le ordene que llevara los '
chales á Lydia y á Teresa. j
Los jóvenes paseaban ya por el jardín. Ha-
cía un tiempo delicioso, de un penetrante dul-
T X 1 1 "11 1 , . I
zura, ue ios nosquecuios suoia ei aroma de las
clemátidas y de los jazmines.
Y, entre las dos jóvenes, bajo el cielo cuaja
do de estrellas, á la luz de la luna, Hai mundo
se sentía lleno de una amarga tristeza. Xo era
bancos de piedra que allí había, preso
de mortal nostalgia.
Y por mi mentó cruzaron ideas tris
tes : la patria ausente, el hogar aliando
nado, y esa soledad abrumadora que se
experimenta en las capitales europeas
cuando se lleva el corazón vacío, avasa
llaron de'tal modoC mi e-píritu, que caí
en un estado de somnolencia, que -tenía
mucho de la vaguedad musulmana.
Cuando más ensimismado me hallaba,
vino á sacarme de aquel letargo la pre
sencia de una muchacha como de quince
años, que con el garbo provocativo de
las mujeres andaluzas, llenaba toda la
avenida.
pra un ejemplar precioso del tipo
granadino, mezcla de árabe y español,
trigueña, con ojos negros y rasgados,
de mirar dulce y suave, como si huhie
se recogido en sus pupilas todas las lan
guideces de aquella tarde de primavera.
El cabello negro como mis penas e caía
suelto en ondas por la espalda, y entre
aquellos bucles parecían esconderse to
dos los misterios do la noche.
Cuando estuvo cerca de mí, me diri
gió una mirada ardiente, y sonriendo
con sonrisa provocativa, me dijo:
Qué triste estás. . . .!
Y dando á su cuerpo toda la gracia y
sensualismo de las bayaderas, se alejó
poco á poco, con la cabeza vuelta hacia
mí. los ojos fijos en los míos, sonriendo
con aquella sonrisa de odalisca, y de
jando escapar á ratos esta frase :
Qué triste estás ! Qué tris
te estás . . . . !
Yo la vi alejarse con pena. Y mien
tras contemplaba su andar gracioso y
provocativo, exclamé con amargura :
Infeliz ! Tan joven y ya tan
desgraciada !
Mariano Abril.
LAS TARIFAS EN CUBA
S; grande es el efecto desastro
so que las tarifas producen en nues
tro país, mayor es aún la conmoción
que causan en Cuba.
Los periódicos de la Habana, llega
dos en estos días, nos traen latos sufi
cientes para poder apreciarla.
Allá como aquí, la prensa fué la pri
mera en dar el grito de alarma, incitan
do á las Cámaras de Comercio para que
iniciasen el movimiento de protesta.
I ero la Cámara de Comercio de la Ha
bana, que es un centro conservador,
no ya por el carácter oficial que tiene,
sino por las personas que la dirigen,
adictas todas iticotidiewnalmcnte al uo
bierno, resistió al principio, hasta que no
pudiendo ya desatender las excitaciones
de la prensa, se decidió, al cabo de mu
chas componendas, á hacer algo por los
intereses de la industria y el comercio,
celebrando una sesión, á la que concu
rrieron todos los gremios á fin de hacer
las manifestaciones que creyeran opor
tunas respecto a los nuevos tributos.
Desde el principio los gremios qui
sieron tomar una "actitud hostil, pero la
Cámara se opuso á ello, diciendo que si
se persistía en adoptar esa determina
ción, entonces.... tendrían que REU
NIESE EN OTRO LUGAR. Después de
mucho discutir, acordaron enviar al
Ministro un telegrama pidiendo la sus
pensión de las tarifas, al cual contestó
el señor horaero Iiobledo, en los térmi
nos que ya conocen nuestros lectores,
negándose á Ja suspención.
Ante esa repuesta, todos los gre
mios protestaron.
El de peletería propuso que va que el
Ministro insistía en el impuesto, se
acudiese -a Ja oina buscando el apoyo
no solo de la .Cámara ríe diputados, sino
de todos los partidos. Y si tampoco se
conseguía nada entregasen las licencias
y .se-cerrasen los establecimientos.
El centro de detallistas acordé; poner
otro telegrama al Ministro diciéndole
que para nacer las reclamaciones á que
se rehere en su contestación, se necesi
taba tiempo, y al efecto, pedía oue se
aplazasen. x si esto no se concede
. . ií-v- . -i
habrá que arreglar la cuestión en otra
parte.
El gremio de libreros, á cuya indus-
ria se ha aumentado un 210 por 100
ue recargo, maniresio aesue ei primer
j i i i
momento quo' no estaba por telegramas,
o que amaba mas en el mundo lo míe tenía
cérea de sí en aquel momento, y que iba á dejar?
líe un lado aquella a quieu conocía desde su
infancia, que había visto crecer, que amaba co
mo a una hermana; del otro aquella que habí
11.1 1
negado nucía, pocas semanas, pero como una
conquistadora, para apoderarse de él completa-
mente y a quien auoraoa con toaas las tuerzas
i ' ; i i . i i
de su alma. Cue alegría tenerlas allí a las dos.
oder decirles esas cosas que an á los momen
tos en que se escuchan una solemnidad oue los
íace
inolvidables y los graba en el espirita co-
ido testamentos de amor! ! Y qué deszarradoi
era pensar que la noche siguiente no lo vería ya
mtre aquellas dos caras criaturas, y que rnien-
tras euus estarían aun en el hermoso jardín,
embalsamado con el perfume de las plantas, él
marcharía sobre las tablas del barco que lo lle
varía hacia lo desconocido, acaso hacia la eter
nidad! Su firme carácter tavo un fallecimiento, y
con los ojos húmedos y la voz temblorosa:
Al írtenos pensaréis en mí algunas ve
cespreguntócuando esté tan lejos?
Teresa se puso un poco pálida, y fijando en
él su limpia mirada, contestó:
. No me dormiré ni una noche, Raimundo,
sin haber rezado para que nos seáis devuelto
sano y salvo.
. Lydia con tono ligero, dijo á su vez :
Cómo es posible que os olvidemos, primo!
Raimuudo frunció el ceño. Habría querido
encontrar en la respuesta de Lydia el acento
solemne y casi religioso que había tenido la
declaración de Teresa. Pero la que él amaba
tanto, aquella á quien hubiera querido ver pal
pitar con una emoción semejante á la on él
experimentaba, aquélla cuya angustia debía
ser como un eco de la suya, estaba tranquila y
como inrtiterente. Mientra que la amiga á
quien iba á abandonar con el corazón tranquilo,
con un sencillo adiós, teuía en sus labios el
temblor que anuncia las lágrimas prontas k
brotar, aquella mirada fija que denota el embe
becimiento del espíritu en un pensamiento úni
co j deespertido.
ni suplicatorios, sino por totnnr una,.,
terminación enérgica.
Por fin la Cámara de Comercio !,
gró que se aprobase la idea de pM,,.r x"
segundo telegrama al Ministro d '
tramar.
Pero al dia siguiente los grerui,,s
separaron de la Cámara y vldr;r..,
una Junta que resulté) de enérgica ,
' 1 1 T Til.
testa, pues en el decidieron niT,ir
dia siguiente las puertas de los e.i;ll,l,
cimientos.
Y en efecto, á la siguiente ínañam
la mayoría de las casas do comercio j
mnnecieron cerradas obstentando u
ñas de ellas colgaduras negras e,n'l;i
iniciales P. K , que según dice la .jv.
sa significaban Por Homero.
loco después circulé) un volante ,,.
gremio de sastrería, dirigido á las ti.
das quo aún permanecían abiertas, (Mhl
decía :
"Esta sindicatura apoyando en UJl
todo la unánime y justa protesta ,.
tod.is los gremios, ruega á usted se sir.
V.! -errar el establecimiento, en st.fi:ij
de i rofundo disgusto, á causa del ; u.
mentó de contribución que en las nue
vas tarifas se nos señalan."
A la 11 de la mañana dice La ,.
cha estaban cerrados casi todos ((S
establecimientos de la Habana.
' Con ese motivo la policía mandó ;t
suspender la manifestación pública qn,.
aquélla tarde iba á realizar la Comi
sión organizadora de síndicos.
Sin embargo; no por eso se alten!,
el orden público sino que la protesta
revistió los caracteres de la mayor v o
rrección y seriedad.
Al mismo tiempo los dueños de ' fa
bricas de tabacos, determinaron cerrar
sus talleres, si dentro de octave día in
se log. aba derogar los nuevos im
puestos y el aumento sobre los antigües.
Esta determinación vino í agravar
el conilicto, pues cerrar los tnlleivs v
lanzar a la calle Id. 000 obreros ó de
pendientes, en una ciudad como U
Habana, donde la industria prominente
es la tabaquera era exponerse á suscitar
cuestiones de orden público, de í miele
terrible, como son siempre las que plan
tea la miseria v el hambre.
La protesta de los gremios de la Ha
bana tuvo en el acto eco en toda la isla,
generalizándose entre los comerciantes
ó industriales "de las principales pobla
ciones, que enviaron por telégrafo su
adhesión.
Todos estos conflictos causaron gran
agitación, hasta tal punto, que la Cá
mara de Comercio acordó celebrar d
.lía 19 una asamblea general de to!ns
los gremios y de los representantes de
las clases no agremiadas, para tomar
acuerdos que resolvieran el conflicto
suscitado por el Reglamento y Tarifas.
Et acto fué verdaderamente impo
nente. Algunos representantes del gremio de
detallistas quisieron impedir, que les
síndicos de los demás gremios se pusie
ran de acuerdo para estorbar que la
uni'm del comercio v de la industria
quedara demostrada. Pero esta conduc
ta obstrucionista no triunfó. La asam
bleade síndicos, por unanimidad, aprobó
lo propuesto por la comisión, adieio
cionando que el comercio y la industria
aceptan el recargo del 10 por 100 solr
los repartos de Mayo último, á reserva
de las reclamaciones particulares (U
por conducto de la Cámara los gremios
elevarán al Ministerio.
Hasta aquí las noticias que nos lian
traido los últimos periódicos de Cuba.
Pero ya se sabe por telégrafo quo el
Ministro ha suspendido las tarifas, y
que en los dos trimestres sucesivos
cobrará por las antiguas.
Justo es confesar que este triunfo s
debe á la actitud en oue se colocaron
los gremios, frente al optimismo de la
Cámara de Comercio.
Todo, pues, lo que en Cuba se obten
ga en la cuestión tarifas, lo deberán los
gremios a su energía y perseverancia.
I or eso nosotros aconseiabanios igual
actitud en Paerto-Rico, porque estamos
convencidos de que cuando los pueblos
saben hacer respetar sus derechos con
dignidad y energía, triunfan siempre.
Raimundo no vio ja turbación de Tern.
no para notar con más amanrura la HaiiL're tria
le Lydia. Xo pensé) que Ja una ptelie. a irur.rl'.
No tuvo más que la sospecha desoía -la 1" w
la otra no le amaba. El invencible d " '"
penetrar en aquel corazón, oue "juzgaba te. avia
cerrado, se le impuso. Y se dijo : '-Si nu !f
confieso mi amor esta misma noche, h i l'''
tengo de ella un compromiso, cómo podr- ale
jarme y vivir r Un, no tengo mas que un ñu-
mentó para hablarle, y delante de rere-a ni'
imposible!''
Se aproxiiuó á Lydia con t.l ardor, su v
expresó tan apasionadamente el deseo u"
nía de encontrarse a solas con la jovMi. q'i' ,1
pecho de Teresa se levantó lleno de s.!li :"
Volvióse-é.-sta para eniutrar una látrriuiu qii'1
había podido contener, v, balando la (alew
con resignación, decidida á sacriiicíirlo ti, a a
que amaba con una ternura nrofuiida v ai-"-
luta, dijo:
Decididamente hace un ñoco fresco
noche. . . . Me vov con la tía.
Vió iluminarse el rostro de Raininrah
un rayo de alegría, que le sirvió á la ve. '',
consuelo y da tormento, y, sin volver la cf
za, subió los escalones del vestíbulo v enir t'11
el salón.
Ploerné, al quedarse solo con Lvdis, p rna-
nec'ó un momento silencioso. Henos preocu
pado de lo que tenía que decir, pudo pregun
tarse por qué Lydia no había seguido á su p1'
ma y se quedaba á su lado, i Habría n-t ur ú o
Au
becita abrigaría algún cálculo?
Aun en esto, el teniente habría tenido och-h
de comparar la conducta de Jas dos jóvenes, y
sin duda la ventaja no hubiera sido para hyu
Pero Raimundo no veía más que irn tallto'1
to, hombros llenos y elegantes, ojos de diaman
te negro y labios de rosa, quo sonreían. Fuer
de aquella maravilla, nada existía para ;1 ffite
mereciera admiración, adoración y resp'-
acaso que Kaimundo no podía partir sm tci . 1
una explicación decisiva con ella, y se prestaba
fácilmente á una entrevista? Aquella linda c;t-
i

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