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Boletín mercantil de Puerto Rico. (San Juan, P.R.) 18??-1918, November 29, 1871, Image 1

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Weliii piíf t atttil bt jhterto-Bka.
aíío xxxi
PERDON.
Hoias, minutos después que estas
líneas vean la luz pública un desgra
ciado pagará con su \ida el delito que
ha cometido como soldado, infringien
do uno de los artículos mas graves de
la ordenanza militar.
Una sola esperanza de vida debe
quedarle al infortunado crimina 1 , una
sola, espeianza abrigamos todos los
que deseamos que ni una gota de san
gre humana tenga jamás que ser der
en esta fierra pavifiva j
rosa: confiamos en que, siendo este
el primer caso que ocurre de ser un
hombre sentenciado á muerte, desde
que está al frente de la Isla el Capi
tán General Excmo. Sr. D. Ramón
Gómez Pulido, se dignará hacer uso
de esa preciosa facultad de indulto de
que le ha investido S. M. (q. D. g.),
conmutándole al reo su pena capital
por la inmediata. El antecesor de S. E.
concedió la misma gracia á otro des
graciado en idénticas circunstancias.
Haya compasión para la primera ca
* beza que, durante el mando de la ac
tual dignísima Superior Autoridad, ha
sido designada para caer bajo la espa
da de la ley. Evite la clemencia de
S. E. un dia de luto á esta ciudad,
una vida de lutoá una familia, ejerci
tando la mas bella de sus prerogativas.
Si nuestros humildes ruegos, ade
más de los de la Corporación y distin
guidas personas que han implorado la
gracia para el reo, pueden algo en el
ánimo del Excmo. Sr. Capitán Gene
ral, el Boletín une sus súplicas á las
que á S. E. se han hecho para que de
tenga con su mano poderosa la ejecu
ción del infeliz que está en capilla y
á quien no queda mas esperanza ni
amparo que el perdón.
Escritas é impresas teníamos las
anteriores líneas cuando llegó á nos
otros la grata nueva de que el mag
nánimo representante del Rey, el
Excmo. Sr. Capitán General D. Ra
món Gómez Pulido, se había digna
do indultar al reo Gil. S. E. se ha
captado con este rasgo noble y hu
manitario la gratitud de todas las
clases de esta sociedad, todas ellas
interesadas en que no tuviera lugar
la terrible sentencia que, fundado en
las leyes inexorables de la guerra,
había dictado un tribunal compe
tente.
Al Capitán General se habían pre
sentado pidiendo el indulto del sen
tenciado á muerte nuestro Excmo.
Ayuntamiento en pleno, una Comi
sión del batallón de Voluntarios y
otra del Comercio. Pero la Comisión
que sin duda habrá contribuido mas
á inclinar el ánimo de S. E.al perdón,
habrá sido indudablemente la que le
visitó presidida por el Sr. Dean inte
riño del Cabildo Eclesiástico y com
puesta además de las principales da
mas de esta Capital como lo son la
Sra. esposa del Regente de esta Au-
27 FOTil íFíTIN.
IA FtiHtH H Clltt !WLD.
rOBMA DB LORD BY&Off
TOA.3DTTOIX3O
POR D. H. DE LA P £ ÑA.
CAUTO TERCERO.
(Continuación .)
LXX.
Allí, un solo momento, puede a''arriar
nos anos y años de fatal penitencia, y,
esterilizándonos el alma, convertir toda
nuestra sangre en lágrimas ¿e dolor, ti
ñendo el porvenir de los colores de la No
che. Para aquellos que caminan en medio
de las tinieblas, la carrera de la vida lle
ga ó ser una fuga desesperada: en el iqar,
ffi aqnlps mas aqdae¿§ ewtaíftn ej rum
bo sino hácia algún puerto conocido; pero
hay navegantes extraviados en el Océano
de la Eternidad cuya nave avanza y avan
za continuamente, sin arrojar el ancla en
parte alguna.
LXXI.
¿No es mejor, pues, encontrarse solo y
•preciar la Tierra por lo ejla vale, y
Este PERIODICO se publica ios domingos, miércoles y viémes; y cuando las circuns
tancias lo ezijen se dan alcances ó suplementos.— PßEClOS DE ANUHCIOS. —Has
ta seis lineas de impresión, 4 rs. fts. y en pasando, á 5 cts. la linea. Los suscnptores
pagarán 4 cts. Los anuncios por meses ó aüos se publicarán & precios convencionales.
PERIODICO POLITICO LIBERAL-CONSERVADOR.
diencia, las Excmas. Sras. Marquesas
de la Esperanza y de Casa Caracena,
la señora esposa de Diz Romero, la
del Sr. D. Gabriel Jiménez, la de
Guevara, la de Arjona, la señorita
López Perez y las Hermanas de la
Caridad. Con gran sentimiento suyo
sabemos qtíe no pudo acompañará la
Comisión la señora del Coronel Gá
mir por hallarse enferma de conside
ración. Quizás con la prisa con que
escribimos estos renglones, algunos
nombres á nues
tra cSctirKstaucua que nos
dispensárán la personas no mencio
uaoas eu gracia de la premura con
que trazamos estas líneas embarga
dos por el placer de saber que ya no
se derramará la sangre del pobre reo
que debía pagar hoy con su vida su
falta de subordinación.
Se nos ha dicho que el menciona
do Sr. Dean interino dirigió á S. E.
un breve y sentido discurso en fa
vor del reo que fué oportuna y elo
cuentemente contestado por el Ca
pitán General.
Son tantas las personas que nos
han manifestado sus deseos de que
hagamos público el agradecimiento
en que le están al Capitán General
por el noble uso que acaba de hacer
de sus omnímodas , que ro podemos
rnénos de hacernos intórpretes para
con S. E. de lo gratamente que ha
sido recibida por la opinión pública
la noble acción que acaba de ejecutar.
Porque se decía que la anterior con
ducta del soldado culpable unida á
la última grave falta que había co
metido, hacia su muerte necesaria
para saludable escarmiento de los
demás de su clase, y con razón se
temía que no pudiera evitarse el que
fuese pasado por las armas. Por eso
es doblemente digna de agradecerse
la caballerosa deferencia con que
nuestra primera Autoridad escuchó
las siiplicas de quienes le pidieron
la vida del condenado á muerte.
El Ejército, los funcionarios de
todos los ramos, los habitantes todos
de esta Capital sin excepción de cla
ses ni de partidos, agradecen profun
damente el perdón otorgado por S. E.
y lo agradecen mas porque habién
dolo otorgado veinte horas ántes de
la ejecución, ha evitado, pues supo
nemos que al reo habrá llegado tan
grata noticia, una agonía larga é
inútil al soldado objeto de esta gracia.
Las señoras que adivinan y sienten
la ternura de madres, son segura
mente las que mejor comprenden el
acto de piedad del general Gómez
Pulido.
Por nuestra parte, de lo íntimo de
nuestro corazón damos la mas expre
sivas gracias al Excmo. Sr. Capitán
General Gobernador Superior Civil,
porque ha escuchado propicio las sú
plicas de los que nos hemos interesado
por la suerte fatal que le habría cabido
al que, sin la benevolencia de tan
buen gobernante, dejaría de existir
dos horas después de ver la luz pú
blica las palabras que sobre este asun
to dejamos escritas.
nada mas, ya cabe la azul corriente del
Ródano undoso, ya en el puro seno del la
go que lo alimenta como una madre, como
una madre sobrado tierna para acallar
con sus caricias los gritos del bello, pero
indócil niño? ¿N° es mejor pasar así núes
tra vida que lanzarse ep el torbellino del
mundo para ser inevitablemente, Dien
opresor, ó bien oprimido?
LXXII.
Yo no vivo en mi mismo, pero sé iden
tificarme con todo lo que me rodea. Las
altas montañas inspiran en mí cierta sim
patía, ai paso que el bullicio de las ciuda
des no me sirve sino de tormento. Nada
veo en la Naturaleza verdaderamente odio
so mas que la necesidad de formar, á pesar
mió, uno de tantos eslabones de una cade
na carnal, de estar clasificado entre las
criaturas) cuando el alma puede remontar
su vuelo hasta confundirse, y nó en vano,
con el firmamento, con la montaña, con la
undulante llanura del Qceano ó con el in
menso coro de jq e§|rel4§ t
LXXIII.
Tal es lo que absorbe mi ánimo, tal e?
la vida para mí. Yo considero el poblado
desierto de lo que pasó como un luga? c[e
agonía y dé penalidades, 90 doqde rqe lan?
zó mi majs suerte para purgar algún pe
cado á fuerza de amarguras; pero al fin
puedo remonta* el vuelo provisto de nue
va* ala*j jóyepe* ellef conoto
PRESION RADICAL.
Los que se han impuesto la obliga
ción de contradecir todo cuanto salga
escrito en el Boletín por el mero he
cho de ser el órgano del partido libe
ral-conservador, esos embaucadores
de los campesinos, han hecho cundir
por medio de su activa propaganda
verbal primero, y por medio de sus
periódicos también, que el Boletín y
sus partidarios somos enemigos del
jornalero, deHabrador y de todos los
hijos del país. Como si en nuestras fi
las no militaran distinguidos puerto
riqueños, como si los que no hemos
tenido la fortuna de nacer en esta par
te de la Monarquía española, no fuése
mos compatriotas de estos naturales,
sus hermanos por el origen, por el
idioma, por las costumbres y por las
creencias; como si no hubiésemos vi
vido todos á las mismas leyes,
sujetos á las mismas, y aún á mayores
cargas, que el peninsular además de
pagar como su hermano del país las
contribuciones que le corresponden,
tiene que satisfacer la pesada contri
bución de sangre, pues por niño que
sea al trasponer el Atlántico para ve
nir á trabajar aquí, obligado queda á
tomar las armas del soldado ó á sacri
ficar los primeros ahorros penosamen
te hechos á costa de años de trabajo y
de economía, si la suerte no le salva.
Enemigos nosotros del agricultor
que con su sudor fertiliza la tierra, ene
migos del puerto-riqueño! eso es fal
so, calumnioso, maliciosamente su
puesto. Querer que la miseria c.esapa
rezca de estos campos abundosos por
medio de las medidas que nos pare
cen mas eficaces, mas factibles dado
el estado intelectual, la índole de los
pobladores y otras circunstancias in
herentes á la diversidad de razas é
influencia del clima de esta Isla, no
es declararse enemigo de nadie, sino
de los vagos, de los jugadores y de los
mal entretenidos, sean del partido que
fueren, sean de esta ó de la otra pro
vincia.
Que se hace una explotación sorda,
pero persistente en el ánimo de los
puerto-riqueños de sencillo criterio,
pero de buena intención, previniéndo
les en contra del partido liberal-con
servador bajo el pretexto absurdo de
que en él están casi todos los penin
sulares ó españoles , que así se les de
signa verbalmente, como si los insu
lares no fueran españoles, es un hecho
que de antiguo venimos observando
en las Antillas. Hay la preocupación
entre algunos poco conocedores de es
tos países de que esa línea divisoria
que sin razón ni motivo continuamen
te se procura trazar entre unos y otros
españoles, ha sido marcada por nues
tros correligionarios. Y sin embargo,
nada hay mas inexacto.
Se ha creado por nuestros ad
versarios una propaganda tal que cen
tenares de hombres nacidos en es
te suelo y que participan de nues
tras ideas, hay que no se atreven
á figurar en el partido liberal-con
servador por no ser marcados con el
que ya van teniendo vigor bastan f e para
luchar ventajosamente con los contrarios
vientos, despreciando loa lazos de arcilla
que tienen á nuestro ser cautivo.
L XXIV.
Y cuando el alma esté por fin libre de
todo lo que aborrece en esta degradada
forma, despojada de su vida carnal, salvo
lo que haya de sobre vivir en las moscas y
én los gusanos,—cuando los elementos se
.reúnan á los elementos homogéneos, y el
polvo no sea mas que polvo, ¿no sentiré
entonces con mayor intensidad, menos des
lumbrado, todo lo que se ofrece ámi vista
—¿l pensamiento incorpóreo, el Genio de
cada lugar, cuya inmortal esencia suelo
compartir aun ahora.
LXXV.
¿No on las montañas, las olas, los oie
los, una parte de mí mismo y de mi alma,
ásí como yo soy una parte de todo eso?
¿No ama mi corazón tales objetos con un
amor íntimo y puro? ¿No yo des
preciar por ellos todos los
bería arrostrar y ante? q ue
renunciar á mis sentimientos, en cambio
de la dura y mundada indiferencia de a
quellos hombres! cuyas miradas están cons
tantamente fijas en el bajo suelo, cuyos
pensamientos 09 se atreven á exaltarse
jama?
Miércoles 29 de Noviembre de 1871.
estigma de renegados , de hijos espu
rios, de vendidos y de otros muchos
soeces epítetos con que los tolerantes
liberales-reformistas los suelen de
signar. Con la atmósfera opresora,
violenta, que por todos los medios po
sibles procuran mantener cargada los
radicales, mucho valor cívico, mucho
valor personal, necesita el puerto-ri
queño que se resuelva á soltar el yugo
con que le tienen sujeto los que se han
propuesto regenerarle , y se manifieste
afiliado en el partido liberal-conserva
dor, arrostrando las iras radicales.
Entre otros muchos, dos hombres
podemos citar que pertenecen á los
dos extremos de la sociedad borin
queña, ambos militantes en las filas
de nuestro partido, ambos odiados,
mal mirados, ridiculizados en las pu
blicaciones satírico-reformistas, por
que han tenido el valor de despre
ciar esas teorías furiosamente innova
doras con las cuales, bajo el pretexto
de libertad, se exclaviza la libre vo
luntad de cada uno que tiene el de
recho de pensar con su propio ce
rebro y no con el ajeno. Uno de estos
hombres es rico y noble y, por lo tan
to, respetado. Mas no por eso, se deja
de morderle en los periódicos gracio
sos, en los corrillos y en otras partes
lo suficiente para que cualquiera otro
paisano suyo que tenga su modo de
pensar, se abstenga de formar parte
de un partido en el cual á todos los
insulares que ingresan, se les cuelga,
ó se les procura colgar, un sambenito.
El otro de los dos hombres á que
aludimos, es un obrero, una de esas
capacidades que cometió el crimen
de leso-radicalismo de no dejarse con
ducir, como los demás, cual humilde
cordero por los jefes ultra-reformistas.
A este que no es rico ni cuenta con
poderosos amigos, se le ha escaldado
la espalda una vez y abofeteado otra
en esta Capital y se le ha insultado,
escarnecido y creemos que hasta tra
tado de asesinar en Mayagüez.
No achacaremos estos y otros he
chos á todo el partido liberal-refor
mista; conocemos en él á hombres
que no consentirían tamaña intoleran
cia. Pero ello es cierto que las masas
de ese partido probablemente impul
sadas por algunos díscolos, entre los
puerto-riqueños y el partido conser
vador, se ocupan en cavar un abismo
de falsa ignominia, de inmotivada ver
güenza que solo se atreven á saltar
los mas animosos, los mas liberales,
porque no es liberal el que no obra,
dentro de la legalidad, según le dicta
su conciencia. Porque comprendemos
los obstáculos que tienen que vencer
para colocarse á nuestro lado, es por lo
que estimamos de preferencia á nues
tros correligionarios insulares, que son
muchos por fortuna los que en nues
tras filas figuran. Sabemos que algu
nos de ellos han tenido disgustos hasta
con deudos allegados de su familia á
causa de su actitud política, pues ha
biéndo precedido mucho la propagan
da radical á la nuestra, se ha saturado
esta sociedad, inexpertay nueva para la
política, de esa zizaña que con estudia-
LXXVI.
Pero estoy divagando, y será bien rea
nudar ya el hilo de mi asunto. Quien goce
en meditar sobre las tumbas, venga á con
templar comigo la de un hombre que fué
en vida todo fuego, nacido en esta misma
tierra donde yo, huésped pasajero estoy
ahora respirando el aire puro—de un
homhre que apetecia la gloria, pero coy
afan tan insensato, que todo lo sacrificó
para obtenerla y conservarla.
LXXVII.
Aquí comenzó Rousseau una vida de
infortunios—el adusto Rousseau, sofista
ingenioso en atormentarse á sí mismo, el
apóstol de la afli'ceion, que comunicaba á
la pasión un encanto mágico y hacia ha
blar al dolor con irresistible eloouenoia. Po
seyó, siu embargo, el don de embellecer
basta la locura, y supo encubrir acciones
y pensamientos erróneos con un colorido
celestial de palabras deslumbrantes como
los rayos del sol, y que arrancan involun
tariamente lágrimas de ternura*
LXXVIII.
Su amor era la esencia de la pasión: co
mo el árbol incendiado por un rayo, así
su corazón se inflamó con una llama eté
rea y acabo por no supo amar
de otro modo. Pero su amor no tenia por
objeto ¿ ninguna mujer viviente, ni taux
f>ow i ninguna 4 la que, muerta ya,
PRECIOS DE SU SCRIPCION.—Por un a&o adelantado en la Capital y pueblos delaT
Isla, 10$.-6 meses id. id. 5$ 4 rs.-3 mases id. id. B§>.-XJn mes id. en la capital 9 rs.
Un mes id. en los puebles de la isla 10 rs.-Un núm. suelto 2 rs. EL BOLETIN se envía
franco de porte á. cualquier punto de la isla por conducto de sus agentes respectivos
do propósito se viene sembrando de
algunos años acá para alejar á los es
pañoles peninsulares de los insulares.
Ellos, no nosotros, como creen algu
nos, son los que han destruido la tra
dicional armonía que no hace aún
muchos años se observaba aquí, entre
todos, sin distinción de origen.
Y ¿qué alegan para hacer germinar
esa prevención infundada entre los pe
ninsulares de hoy y los In jos de los
peninsulares de ayer! Dfcén que los
de hoy vienen á esquilmar el país
con monopolios que nadie designa por
que no existen, con privilegios que
todos tienen y con otras mil ilegalida
des vagas que no nombramos por no
ser difusos. A este propósito recorda
mos un artículo que en contestación
á otro de La Razón que queria hacer
nos correligionarios de La Represen
tación Nacional publicamos en este
periódico el 19 de marzo último, cuan
do todavía estaba á cargo del señor
Gfuasp. Entóneos, como ahora, sabía
mos los resortes que se tocan para
dividir los ánimos y dijimos lo si
guiente:
“Si el articulista se hubiera fijado
mejor en el artículo que impugna, ha
bría echado de ver que nosotros ne
gamos, y hemos probado, que no hay
en las Antillas ese decantado partido
reaccionario que mas de una vez ha
calificado La Representación de tan
anti-espafíol y funesto á la prosperi
dad de estas provincias como el que
acaudilla Céspedes y es el azote de
la Isla de Cuba. En cerca de 20 años
que han corrido desde que el Sus
criptor reside en las Antillas y las
estudia, no ha visto ese partido pri
vilegiado y expoliador que medra con
las tinieblas y se enflaquece con la
luz; que á la sombra del monopolio y
del abuso se hace rico sin sudor, y
llega á ser fuerte sin inteligencia, y,
ajeno á todo progreso, parásito en
nuestro siglo, aboga ciego por el os
curantismo.
Lo que ha visto el que esto escri
be, es esa falange que aquí viene de
jóvenes laboriosos, honrados, econó
micos, emprendedores ó inteligentes,
que á fuerza de trabajo, á fuerza de
privaciones y al cabo de años de ex
tremado ahorro se crean fortunas más
ó ménos modestas, para después com
partirlas con familias que aquí se crean,
eligiendo por lo general para compa
ñeras suyas á cubanas ó puerto-rique
ñas pobres quienes suelen llegar á
ser matronas respetables, y madres de
abogados, médicos, marinos, ingenie
ros,
Hemos visto poquísimos padres pe
ninsulares ricos que se hayan con
tentado con dar á sus hijos su modes
ta profesión, su educación rudimenta
ria. ¿Y pueden estos padres, y pueden
los que como ellos, usando un dere
cho que ni á los extrangeros se niega,
vienen á trabajar aquí honradamente
desear el retroceso del país? ¿Y pue
den compararse estos hombres con
los que deseando ser, unos, ministros,
embajadores los otros, y grandes dig
natarios todos, de soñadas repúblicas,
solemos evocar en nuestros sueños: era un
amor hácia la beldad ideal, que llegó á en
carnarse en él, y que rebosa en sus ar
dientes páginas, por masjnsensato que es
te amor sea al parecer.
LXXIX.
Esto fué lo que dió vida á Julia, lo que la
infundió todo el desorden y toda la dul
zura de la pasión. Esto fué también lo que
santificó aquel beso memorable que todas
las mañanas depositaba una mujer en sus
febriles labios, la que no correspondía á su
ternura sino con una mera amistad; pero
este suave contacto abrasaba su corazón y
su cerebro con la llama devoradora del a
mor, difundiendo por todo su ser una feli
cidad indecible, oomo tal vez no puedan
disfrutarla los amantes vulgares con la po
sesión del objeto amado.
LXXX,
Su vida fue una prolongada lucha con
tra enemigos que él mismo se había crea
do, ó contra amigos que no había sabido
conseavar; porque su alma llegó á ser el
santuario de la Desconfianza, escojiendo
para victimas de su extraño y ciego furor
cabalmente á las personas que le eran
queridas Pero estaba demente— ¿y por
qué? Nadie lo sabe, pues el motive era tal
vez de aquellos que nunca es dado pene
trar. De cualquier modo, emfermedad ó
desgracia su demencia había tocado el
joor d® el de ofrecer® re
como lo quieren los que siguen á Al
dama, los que buscan su medro perso
nal, su vanidad satisfecha, aunque arda
la tierra que los produjo, aunque corra
la sangre de sus hermanos, aunque su
cumban los niños, las mugeres y los
ancianos? ¿Puede decirse que son tan
laborantes los que trabajan, los que
sostienen el órden, como los que vo
ciferan contra todo lo existente, los
que tratan de subvertir la sociedad
por su base, los que con irrealizables
promesas de innovaciones políticas
distraen á los pacíficos labradores de
sus tareas haciéndoles concebir ab
surdas esperanzas que solo en el tra
bajo, en la economía y órden domés
ticos pueden ver satisfechas?”
No han variado nuestras conviccio
nes en los meses trascurridos desde que
escribimos las precedentes líneas. Ri
cos ó pobres, el noventa y cinco por
ciento de los peninsulares que aquí
vienen á trabajar y á establecerse en
la tierra, aquí quedan, aquí esperan
morir, afanándose en tanto por man
tener y educar unos hijos que ten
drán mañana la misma absurda pre
tensión de mirar y tratar como ex
tranjeros á otros peninsulares que
después vengan como vinieron sus
padres.
Aquí ya no hay descendientes de
Agueibana: aquí no hay más que es
pañoles nacidos en Puerto-Rico y en
la Península. Cuantos aquí habitamos
somos oriundos de España ó de Afri
ca: de una ó de la otra raza, todcs ca
bemos bajo la bandera española, to
dos tenemos el derecho de ser refor
mistas ó conservadores (pero no sepa
ratistas) sin que nadie lo tenga para
impedir, á otros bajo el pretexto de un
falso patriotismo, que se afilie libre
mente en el partido que tenga por con
veniente; que, lo repetimos, no existen
en Puerto-Rico conquistadores y con
quistados, monopolizados y monopoli
zadores sino simplemente españoles.
Los que no quieran serlo son los ver
daderamente extranjeros aquí en esta
tierra española, ellos los que quieren
monopolizar la opinión pública para
su propio engrandecimiento, ellos los
dignos del estigma con que en todas
las naciones se marca á los traidores
á la pátria y del desprecio de todo el
que no sea un verdadero renegado.
LUZ Y VERDAD.
El siguiente notable artículo de
nuestro ilustrado colega el Diario de
la Marina, dá clara idea de lo que es
el Hornet, del estado de la insurrec
ción y de quien era el enviado de Az
cárate para hablar á los rebeldes en
nombre de Fs A ala:
“Para cuantos han seguido con asi
duidad la marcha de los sucesos refe
rentes á la rebelión de Yara, ofrece
rán grande interés los dos importantes
documentos que hemos publicado en
el Diario , dirigido el uno al entónces
“Delegado general de la República de
Cuba en los Estados-Unidos de Amé
rica,” D. Miguel de Aldama, y el otro
vestida con las apariencias de la razón.
LXXXI.
Porque entonces estaba él inspirado, y
de su inspiración, como del místico retiro
de una pitonisa, brotaban aquellos orácu
los que pusieron en combustión á todo el
mundo, y que no cesaron de abrasarlo si*
no con la desaparición de reinos enteros.
Dígalo Francia, que durante siglos y
siglos estuvo postrada á los piés de un
despotismo hereditario, temblando bajo el
yugo que la oprimía, hasta que á la de
voz de Rousseau y de sus colegas osó un
dia erguir la cerviz, pasando como siem
pre acontece, do una abyección cobarde á
un desapoderado furor.
LXXXI.
Ellos se erigieron á sí mismos un ter
rible monumento sobre la tumba de añejas
opiniones, de cbqncias predominantes des
de tiempo inmemorial; rasgaron el velo,
y pusieron de manifiesto á los ojos del
mundo todo lo que aquel velo había teni
do oculto hasta entonces. Pero destruye
ron el bien al mismo tiempo que el mal,
no dejando sino ruinas, con las cuales se
volvió luego á edificar sobre los propios
cimientos; y así hubo nuevos calabozos y
nuevos tronos, simultáneamente ocupados,
como en épocas anteriores, porque la am
bición nunca deja de ser osbtinada,
(QwtmMrd,)
NUM. 141.

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