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Boletín mercantil de Puerto Rico. (San Juan, P.R.) 18??-1918, November 29, 1871, Image 2

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al también enfunces “Comisionado
Especial de la li i pública de Cuba en
los Estados-Unidos de América,” D.
José Manuel Mestre. El primero de
estos documentos tiene la lecha de 10
de- febrero de 1871, yel segundo la
del 20 del mismo mes y año. Ambos
merecen ser concienzudamente ana
lizados, y vamos á hacerlo con la •' al
ma propia de quien tiene toda la ra: on
y no necesita usar frases altisonantes
para llevar el convencimiento á los
ánimos de las personas imparciales.
Empiezan hablando de la expedi
ción ele colombianos que trajo el Cuba
—así llaman al llornet —y confiesan
que nuestras tropas se apoderaron de
“todo aquel convoy,” ‘salvándose de
los expedicionarios treinta y cuatro
solamente.” Nada diremos respecto á
los expedic'o iarios, porque ya sabe
mos la suerte que les ha cabido; pero
sí debemos ocuparnos del vapor que
los desembarcó en Punta Brava. El
16 y 20 de febrero del corriente año,
meses de haber verificado el
desembarco yde haberse *efugiado
en Haití el buque generalmente c no
cido con el nombre de Hornet, conti
núa llamándolo el titulado Secretario
de Re’aciones Exteriores de la fan
tástica república, vapor Cuba, que es
el nombre que se le dió cuando se le
armó como pirata, y con el cual fué
detenido en Wilmington.
Queda prob ido, por confesión ofi
cial de la parte interesada, que el 20
di febrero del corriente año, mucho
después de haberse refugiado en Port
au-Prince, continuiba perteneciendo
el mal lia m ido llornet á los rebeldes
de esta Antilla, que su verdadero nom
bre era Cuba y su condición la de pi
rata. Después de semeiante prueba,
de nada sirven la procedencia, la di
rección ni los papeles cou que se pre
tende demostrar que el llamado llornet
es un vapor mercante americano, que
se emplea 3 1 lí jito comercio y que per
tenece á determinada persona; pues
en todo caso únicamente probarán la
torpeza ó mala fé con que se protege
la piratería, permitiéndola que se cu
bra con una bandera respetable, y au
torizándolo con papeles que serán le
gítimos en su forma, pero que no por
eso dejan de ser falsos en su esencia.
“Esta lamentable desgracia, añade
la comunicación después de las que
anteriormente habíamos sufrido con
las expediciones del XJpton y del Sal
vador, han producido en el territorio
del Camagüey un gran desaliento, á
que ha contribuido pudorosamente la
falacia de los auxilios, tan cacareados,
del general Manuel Quesada, y el
rumor que se lia propagado de haber
ido á Venezuela a ponerlos á dispo
sición ele uno de los partidos que lian
encendido la guerra civil en aquella
república, sobre cuya extraña conduc
ta se hacen distintas apreciaciones,
todas deshonrosas al general Quesada,
y que, siendo cierta cualquiera de
ellas, constituye un crimen que cor
responde investigarse por una de las
representaciones de nuestro gobierno,
para que se remita en estado el ex
pediente, á fin de que no se deje im
pune unadelicuenciade tanta entidad.”
Nos admira el sentimientalismo de
quien deplora la guerra civil en Ve
nezuela, después de haberla introdu
cido en la provincia en donde lia naci
do con las formas más repugnantes y
sangrientas. Trasladamos la mayor par
te del anterior párrafo al Gobierno ve
nezolano, para que sepa, ahora que
tiene en Caracas á Rafael Quesada,
con veinte y cinco filibusteros que lo
acompañan desde Colon, que Manuel
Quesada procedió por su cuenta y
riesgo, sin instrucciones ni aún co
nocimiento de Césoedes; y que éste
considera un crimen, que no puede
quedar impune, el auxilio que el fili
busterocubanoprestóá Guznian Blan
co para que triunfara de sus enemigos.
Resulta de todo que el Gobierno de
Venezuela, autorizando ó consint en
do la expedición de Puerto Cabello, i
auxilió á los rebeldes de Cuba sin que
lo solicitaran los hombres que se titu
lan su gobierno, respondiendo su con
nivencia á un cambio de servicios es
tipulado con Quesada.
Viene en seguida la tristemente cé
lebre cuestión Azcárate, y vemos que,
ojiándole mañosamente á la ingerencia
de éste un carácter mas oficial del
que realmente tenia, al mismo tiem
po que se jiace ridículo alarde de re
chazar las que se llaman proposicio
nes del Gobierno español, se toma
pié de ellas para hacerlas valer como'
un implícito reconocimiento, por par
te del Gobierno Supremo, de la be
ligerancia de los traidores á lapátria.
Aunque el buen sentido y el exacto
conocimiento de los principios del de
recho internacional han hecho que
los gobiernos extranjeros no admitan
interpretación tan violenta y tan in
fundada, su simple enunciación de
muestra el inmenso daño que pudie
ron hacer á España las gestiones de
D. Nicolás Azcárate cerca de los emi
grados en Nueva-York, y más aún la
conjision que confió 4 Juan Qle
msut? Zícsfi,
Al tratar este punto, que circuns
tancias especiales han hecho el más
importante dé todos, nos encontra
mos con un inconveniente y una ven
taja. El inconveniente consiste en que
siempre sentimos hablar de los que
lian dejado de ser, como no sea para
honrar su memoria: consiste la venta
ja en que lo que nosotros reproduz
camos y digamos no puede influir de
ningún modo en el resultado del pro
ceso. Derramando la luz, presentando
la verdad tan clara como nos lo per
mita nuestra limitada inteligencia, no
haremos más que defender la honra
de España, esa honra que está muy
por encima de los vivos y de los muer
tos; no liaremos más que justificar la
sentencia de un tribunal compuesto
de hombres de honor, sobre el cual
no se ha ejercido ni podía ejercerse
ningún género de presión; no liare
mos más que reducir al silencio á los
que, envuelta en sentimentalismo, han
derramado la calumnio. Veamos como
se explica el documento:
‘‘Respecto á la acusación que algu
nos de allí hacen a \patriota Zenea, la
consideramos tanto más calumniosa é
injusta cuanto que, en el corto tiempo
que estuvo cerca del gobierno, no hizo
más que acreditarnos su decisión é in
terés por la independencia de Cuba,
participándonos la cooperación de cier
tos individuos y corporaciones, para que
se les diese el voto de gratitud que mere
cían, áfin de alentarlos en favor de nues
tra revolución para lo porvenir. Tras
mitió y satisfizo cuantos informes se
le pidieron con muestras de sinceridad
yde una noble adhesión á nuestra
causa; aún respecto de la comisión de
Azcárate. Por manera que, con la ma
no en nuestra conciencia, podemos
aseverar que la imputación hecha al
C. Juan O. Zenea es completamente
falsa, y de que ántes de ahora es tes
timonio fiel el contexto de nuestras
anteriores comunicaciones.” Esto de
cia al “Delegado General” Ramón
Céspedes el 16 de febrero de 1871;
veamos en qué términos hablaba al
“Comisionado Especial” el 20 del
mencionado mes.
“Enl re tanto, dice, deduciendo por
la carta del Delegado General que V.
se refería en ella á cierta acusación
que algunos cubanos residentes allí
lian asestado contra la buena reputa
ción del C. Juan Clemente Zenea, es
un deber de mi gobierno desmentirla
y despreciar la maligna intención de sus
autores, mediante las inequívocas prue
bas que dió el C. Zenea de su adhesión
y votos en favor de nuestia indepen
dencia, con hechos que habíamos reco
mendado á la consideración de V. án
tes de que llegara á nuestra noticia la
calumniosa imputación lanzada por al
gunos individuos, envidiosos quizás del
mérito de ese patriota. En tal concepto,
si V. considerase oportuno aducir una
pública manifestación de la calumnia
imputada al C. Zenea, no titubeará en
verificarlo bajo el sincero aserto de este
gobierno .” Calumniadores llama Ra
món Céspedes á los emigrados que
dijeron en Nueva-York que había ve
nido Zenea á esta isla á negociar la
sumisión de los rebeldes.
¿Qué se desprende de esta doble,
explícita y hasta solemne declaración
del titulado gobierno de la imaginaria
república de Cuba? Se desprende que
Zenea aceptó la comisión de D. Nico
lás Azcárate yel salvo-conducto del
ministro de España en Washington,
para poder llegar impunemente hasta
Carlos Manuel de Céspedes y salir
después de la Isla, con el único y ex
clusivo objeto de servir mejor á la cau
sa de la independencia. Todas sus pa
labras, todos sus informes, todos sus
consejos y todos sus hechos manifes
taron esta tendencia, y la manifesta
ron has!a tal punto que el titulado go
bierno de la república no vaciló en
a-umir la responsabilidad de llamar
calumniadores á los emigrados que
consideraron á Zenea capaz de traba
jar en favor déla pacificación de Cu
| ha bajo la bandera española, calificán
dolos al mismo tiempo con el epíteto
de envidiosos.
Después de machos meses de pro
cedimiento, con estos y otros docu
mentos á la vista; con varías declara
ciones, en las cuales consta que Ze
nea lmbia recibido de algunos cabeci
llas cantidades para emplearlas, tan
luego como volviera á pisar los Esta
dos-Unidos, en anuas y municiones;
con prueba plena de su delito, con
denó el Consejo de guerra á D. Juan
Clemente Zenea á ser pasado por las
armas, como reo de infidencia, que la
habia llevado basta el ‘ extremo de
aceptar una comisión y un salvo-con
ducto para abusar de la una y el otro.
D. Juan Clemente Zenea está bajo la
tierra que nos cubrirá á todos, y hoy,
como el dia en que se cumplió el recto
tallo de la justicia, solo tenemos pará
él palabras de conmiseración y perdón
y el ardiente deseo de que la miseri
cordia divina baya recogido su alma;
pero ne podemos ser tan blandos con
los que han tomado pretexto de su
muerte para atacar la honra de Espa*
fia, la iiííiepead&fieía ua tribunal y
el noble carácter de los españoles de
Cuba. ,
Los que han fulminado tal ataque
lo han dado sin fundamento y sin ra
zón, y la refutación solemne de la in
mensa mayoría de la prensa de Ma
drid les ha dicho bien claramente que
han herido el sentimiento nacional,
que es siempre justo y generoso. Los
redactores de La Constitución suelen
demandará los que los califican de fi
libusteros, de simpatizadores, de de
fensores de los rebeldes; pero estas
demandas no pueden da* un diploma
de patriotismo, cuando los actos y las
palabras no favorecen á la patria Los
españoles de la Isla de Cuba no son
tan dados á demandar yse limitan á
despreciar calificaciones injuriosas,
que al mismo tiempo son calumnias,
contentándose con probar con actos
su acrisolado amorá España. Cuanto
mas rudos son los ataques de los que
ellos consideran simpatizadores, mas
seguros están de haber cumplido su
deber; y con tal de que siga tremo
lando el estandarte de Castilla en el
Morro y en la Cabaña, poco les im
porta que los perros continúen ladrando
á la luna.
DEBATE PARLAMENTARIO
SOSSKSÜ LA IXTEKXA€IÍXAL.
(CONTINUACION.)
El Sr. Ministro de la Gobernación:
No me había prepuesto contestar al Sr.
Garudo; habia pensado esperar á que ha
blaran los representantes de las distintas
fracciones de la Cámara, y sospechaba lo
que visto después confirmado: que no to
dus los republicanos tendrían iguales opi
niones en esta cuestión que el M’ Garrido.
Por eso su señoiía me permitirá que deje
la contestación á sus observaciones pura
cuando trate de resumir el deoate, y me
limite ahora á ciertas retificaciones in
portantes.
El gobierno ha dudo motivo para que
88 le suponga enemigo de las asociaciones
de obreros El gobierno, por el contrario,
ha dicho que estaba dispues puesto á pro
tegerlas todas, con tal que tenga el carác
ter cosmopolita y destructor de La Inter
nacional. ¡Su señoría y sus amigos no son
los exclusivos defensorej de las clases
obreras: tienen un protector en el gobier
no. Los apóstoles que se ostentan defen
sores á lávor de los trabajadores no han
hecho nunca en su favor mas de lo que
ha hecho la clase media.
El gobierno respetará las sociedades
obreras, y si es prefiso adoptará en el mis
ino sentido en que lo hizo el Sr. liivero
codas las medidas que estén en su mano
para favorecer y fomentar los intereses de
¡as clases trabajadoras En cuanto á la
exacoiou de contribución, podié en cono
cimiento del señor ministro de Hacienda
as observaciones del Sr. Garrido y mi
compañero podrá contestar después.
El Sr. Nocedal (l). llamon:>¿Con que
es verdad, señores diputados? ¿ ,’on q¡ e
hay errores culpables que merecen exe
oración y castigo? ¿Cou que hay verdades
inmutable- y eternas contra las cuales no
es lícito ir? ¿Con que va saliendo broma
aquello de la libertad era el mejor correc
tivo contra la libertad misma y aquello
le que la disensión era fuente de la luz y
de que á la luz de la libertad se disi
pan las nieblas del error? ¿Con que te
uíani'S nosotios razón en decir que la
libertad enjendraba toda clase de crí
menes? ¿Con que ahora lo veis en La
Internacional v ahora teneis quedar la ra
zón á los hombres de nuestra escuela? ¡Ah,
señores! ¡Hace mucho tiempo que uno de
nuestros escritores narraba dia por dia y
momento por momento todo io que ha su
cedido en la hecatombe espantosa de París!
!Que triste es, señores, acertar en ciertos
hechos! !Cuanto mejor no hubiera sido q- e
hubiéramos merec do ios dictados con que
nos calificábais de ilusos y de visisionar os!
Nosotros oiamos ayer (on verdedero entu
siasmo al Sr. ministro de la Gobernación,
nosotros nos deleitábamos escuchándole,
por que no hablaba en él consecuente li
beral. ni el hombre de partido, sino el
hombre honrado, el hour le cuyo pecho
se sentía herido por ciertos sucesos y con
movido por ciertos temores. No vengo yo
pues, á combatir al ministerio actual ni
á ningún ministerio determinado: no po
dría hacerlo, porque trátándose iel res
peto á ciertos santos princip os, de todos
las ministerios revolucionarios se paede
decir comj decía uno de nuestros grandes
poe as:
¡Gemid, humanos,
Todos en él pusisteis vuestras manos!”
Pero dicho esto, yo ro puedo ménos de
lamentar que ayer aquí se hayan discutido
los principios de La Internacional en estos
bancos y en aquel; yo lamento que los ha
ya discutido ei Sr. Jove y Ilevia, y que los
haya discutido el señor ministro de la Go-
I bernacion, porque esos pr ncipios, errores
desde estos bancos se condenan; desde
aquel se anonadan; y si no hay fuerza pa
ra anonadarlos desde aquel banco, se aban
dona el puesto; porque ¿le que nos sirve
á nosot os señores, tener un gobierno que
condena esas tendencias y esos principios
si no tiene fuerza bastante para conservar
ilesos los pocos fundamentos sociales que
nos quedan en pié?
Hoy la cuestión ha ido todavía mas le
jos de lo qua fué ayer; y creyendo un se
ñor diputado que en vez de estar en un
Congreso español estaba en una asamblea
de intemacionalistas, lia d cho cosas que
yo no quiero repetir por no manchar
mis lábos con ellas.. Me limitaré á ro
gar al diputado que las ha di*;ho, que
aprenda la doc*ria%T cristiana que se en
seña en España ó todos lps jriHw en las
aseuelasj f si mm me di? (¡m la ha isfija
y repite luego después que hay mas. de
500 religiones y que él no sabe distinguir
cuales la verdadera, le diré que tiene una
enfermedad moral é intelectual que no
le permite distinga rlo verdadero de lo
falso.
Ese diputado ha fosado comprar á los
intemacionalistas con los primeros cristia
nos, insulto teiuible que no se puede con
sentir, y ha dirigido luego otro tremendo
insulto á los jesuítas, sobre cuyos hechos
sobre cuj as tendencias debe estar tan ig
norante como sobre la doctrina cristiana.
Yo solo diié á su señoría que mientras su
¿eñoiía asiste á esas reaniones en que La
Internacional busca los medios de llenar á
España yal mundo de sangre yde luto,
como lia llenado ya las calles de París, los
frailes y los jesuítas llenan las bibliotecas
delibro3 y van á verter, no sangre ajena,
sino la suj’a propia, & las selvas donde vi
ven los salvajes, para llevarles la ilustra
ción y la fe, y para venir luego en algunas
ciudades á sufrir le. bulla de gentes que
son ménos aprobables, seguramente, que
los salvajes de las selvas
Y dicho esto, tengo que declarar tam
bien que La Internacional es todo lo que
aquí se ha dicho, y que ni el gobierno ac
tual, n ningún otro que venga á ese banco
puede evitar los males con que nos ame
naza, porque la revolución está convicta
y confesa de impotencia contra Li Inter
uacmnel.
Dice un escritor insigne que en cada siglo
hay una ; alubia ku i® ® trun Ins
masas y los hombres, y que se monopoli
za por aquellos precisamente contra los
que se debia pronunciar. En en el siglo
XVI con la palabra reforma disculpa su
conducta un rey adúltero y un fraile após
tata; en el siglo XVIII ia palab a libertad
enjendra los negros dias del terror.
Pues bien; aquí teníamos un trono y
una dinastía, y ese trono y esa dinastía
los habéis derribado cundas palabras li
bertad y progreso, únicos fundamentos
del trono que habéis levantado 3n sustitu
ción del que había. La Internacional quie
re también conseguir sus fines por medio
de la libertad y del progreso; y como vos
otros no pode s decidir cual es la verda
dera íórmula del progreso humano, y co
mo vosotros no concedéis mas medios de
llegar ai fin del progreso nue la libertad,
resulta que La Internacional tiene ra ou
según vuestras propias doctrinas, y que
si no habéis de sainos de vuestros prinei
pius propios, debeis dejarla que pda lo
qu* p de; que discuta al méuos cual tiene
la razón: si vosotros ó sus adeptos.
Ayer el Sr. Jove y Ilévia os trüZiba la
historia de La Internacional constituida,
Yo voy á hacer otra historia mé:us larga
pero que tal vez os ponga de manifiesto ia
causa y el origen de La Internacional. Des
de aquel dia, señores en que el espíritu
humano se reveló contra la fé y todos los
espíritus de la carne se sublevaron con
tra la inteligencia y la religión, einpe
zo por entronizarse la razón humana con
el nombre de libre exámen, y einpe aron
á negarse todas las verhaderas reconoci
das como inconcusas hasta entóneos. Y
como no se podían negar estas verdaderas
sin negar las autoridades que las sostenían,
se negó primero la autoridad de la Iglesia
y luego la autoridad de Jesucristo, y
luego la autoridad de los reyes, y al
fin se dá hoy otra voz que quiere echar
abajo la autoridad paterna, la autoridad
’e la familia, para que ia razón sea desde
que nace completamente libre. Este ha
sido el progreso obtenido por ia libertad
desde el siglo XVI.
¿Y es necesario, señores, que yo os de
muestre que esto no representa progreso
alguno moral ni intelectual! íVle diréis que
hay muchos libros, muchos periódicos,
muchos folletos; pero ¿os esto progreso in
teie2tuullf ¿Determina el progreso inteiec
tuai el mayor número de libros ó el ma
yor número de verdades! Me hablareis del
progreso material es verdad que hay fer
ro-carriles, e ect;icidad, petróleo: es ver
dad que hay todo eso; pero hay mas aun:
hay algunas familias que se han hecho ri
cas, que han aumentado mucho su bien
estar material y hay otras muchas que
padecen y sufren y se mueren de hambre,
y que constituyen eso que no ha habido
hasta ahora y que se llama “pauperismo,”
porque nunca ha estado peor repartida que
ahora la propiedad y ios bienes de la
tierra.
Antes, señores de que el género huma
no hubiera emprendido eso que vosotros
llamáis el camino del progreso, había una
organización social que ienia un número
inmenso de instituc ones de caridad cris
tiana; que tenía una rique a generosa que
no esquilmaba al pobre en cuyas m :nos ios
bienes no produzian tanto como producen
ahora, pero que daba á los pobres po un
canon exiguo una especie de propiedad
que la costumbre lucia que no faltara
nunca, habia una organización social que
tenía pobres que albergaban en su s<?no un
sentimiento de caridad que no le permi
tía odiar al rico; una organización social en
que todos sabían que este era un transitorio
valle de lágrimas, don le todos sabían que
aquí no se en a á gozar, y tenían los ojos
puestos en otra meta que le 3 alejaba del
deseo de los goces materiales.
La civiliza ion actual ha concluido con
todo aquello; han desaparecido las institu
ciones religiosas: se ha desamortizado la
propiedad, entregándola á la clase media,
no para que la dé á los pobres, sino para
que se procure mayor número de goces;
y si se ha acabado con aquellas ideas re
ligiosas, sustituyéndolas con la idea de
goce material, y haciendo ver al obrero
que miéntras él gana un jornal que apé
nas le llega para el sostenimiento de su fa
milia, el propietario que explota su traba
jo, gasta lujo y trenes que no ha gastado
nun a.
Dicen los economistas al bracero que
economice y que forme uu capitalito para
su vejez. ¡ Ah, señare®! Yo quisiera ver á
los economistas trabajar horas y horas
como una máquina para ganar un peque
ño jornal bastaaté apunas para subvenir á
ift* n§[email protected]ídadai de eu familia) pro
verle al llegar el domingo para decirles:
“Trabajad también ahora; no descanséis;
no os procuréis un momento de placer,
que así podréis hacer un capital para
cuando seáis viejos.” No; eso no es posi
ble y no hay que extrañar que los brace
ros digan al capitalista: “La Iglesia y los
nobles eran ricos, como ahora sois vosotros,
y vosotros los habéis despojado porque
erais los mas fuerces: hoy nosotros quere
mos con el mismo derecho, apoderarnos
de lo que teneis vosotros.”
Y r téngase en cuenta, señores, porque
no se alarmen susceptibilidades; que nos
otros, si algún dia llegáramos al poder,
respetaríamos el perdón de quien pudo
perdonar, aunque no los lieches consuma
dos, solo por ser hechos consumados. '
Imaginaos, señores, que allá por los‘
años 1867 y 186S*siguiérais la pista á un
obrero que no tenia trabajo: imaginaos
que ese obrero no tiene nociones morales
porque desde pequeño está en el taller, y
trabajando como una máquina, no ha
aprendido de este mundo mas que su ofi
cio, y no ha aprendido nada de lo que
existe fuera de este mundo; pero imagi
naos que vé y que sabe que hay gentes
que viven en magníficos palacios y con
todas las comodidades del lujo. Pues bien;
imaginad que en las noches de invierno,
en una morada por cuyas puertas y ven
tanas entran el viento, yla lluvia, yla
nieve, vé á su mujer y á sus hijos transí
dos de frió y de hambre; que no t niendo
une comer v aue ñor distraerse, lee unos
trozos de periódico que ha encontrado en
la calle, y en ellos encuentra que dice:
“El objeto constante de la vida indi vi
dual, así como de la colectiva, es el goce
de la mayor suma posible de bienestar y
regalo, de comodidad y placer.
“Están absurda la doctrina que condena
á la gran familia humana al sufrimiento,
al trabajo como pena y al dolor, que ad
mitirla equivale á proclamar el principio
del mal, á blafemar del Hacedor Supremo”
“Una atracción invencible hace desear
al hombre su bienestar; y por no hallar
lo en la práctica d¿l bien, en el trabajo y
en la virtud, preciso es que al comparar
su condición con la de semejantes suyos
favorecidos por la fortuna sin título supe
rior por lo que respeta á la producion, ni
por lo que se refiere al cumplimiento de
los otros deberes sociales, sienta en su al
ma el envenenado aguijón de la envidia,
que no es suma otra cosa mas que la per
versión, la degeneración del noble estí
malo que nos impele hácia al progreso.”
Pues bien, entre esos papeles que hu
biera recogido en el suelo por aquella épo
ca, podría encontrar aún este otro párrafo:
( Continuará.)
CORREO DE L1 PENINSULA.
Ayer á la una de la tarde entró en
puerto e! vapor español Guipúzcoa
conduciendo la correspondencia y
pasaderos que salieron de Cádiz el
15 del actual. Por la premura con
que escribimos podemos dar pocas
noticias á nuestros lectores.
Se habían presentado á las Córtes
los presupuestos de Puerto Rico, y
quedarán sobre la mesa para su dis
cusión.
So había constituido la comisión
de presupuestos de Ultramar, com
puesta de los Sres. siguientes:
“Presidente á D. Augusto Ulloa y
secretarios á los Sres. Ramos y Gu
llon. Se lian repartido además los tra
bajos por secciones, formando la de
Hacienda é ingresos los Sres. Avala,
Sanromá,Capdepon, Lopez(D. J. M)
y Gullon; la de gobernación, Fomen
to y Justicia, los Sres. Mosquera, Ro
mero Robledo, Delgado, Merelo y
Pereda: y la de Guerra y Marina, los
Sres. Ulloa, duque de Veragua, Ra
mos, Velez Hierro y López (D. J. M.)
TELEGRAMA I>E “EL COMERCIO.”
A la amabilidad de nuestro amigo
D. José González y Font, represen
tante de El Comercio de Cádiz, debe
mos los telegramas siguientes que se
le remiten en carta particular:
Madrid 14 de noviembre á las 8 y
45 de la noche. - El Congreso lia acor
dado celebrar sesiones de noche.
Hoy comienza la discusión sobre
el asunto del Banco de París.
En la sesión de la tarde se lia pro
movido un incidente acerca de anti
guas proposiciones para la venta de
la Isla de Cuba. —Nada claro.
De 103 últimos periódicos de Ma
drid, tomamos las siguientes noti
cias.
Resulta de una circular publicada
por el gobernador interino de Bada
joz, que en aquella provincia lia
ocurrido un hecho escandalosísimo.
Hé aquí un párrafo de dicha circu
lar en que se da cuenta del hecho:
“Con referencia á varios pueblos
de la provincia han llegado á este
gobierno rumores más ó ménos alar
mantés acerca de la inseguridad en
que viven algunos propietarios que
temen en las circunstancias actuales
ver invadidas sus posesiones; y estas
sospechas se han confirmado por un
hecho escandaloso que ha tenido lu
gar en término de Hornachos, en
donde un número considerable de
personas del pueblo de Llera, han
entrado en ana dehesa de propiedad
particular, y ha talado el arbolado y
robado todo ol fruto, causando daños
sino, loque es mas sensible aún, á
los elementos productores del país.
—La Gaceta confirma las noticias
sobre nombramientos militares que
dimos dias atrás.
Relevado del cargo de capitán ge
neral del distrito de Valencia el ma
riscal de campo D. Mariano Socias
del Fangar y Lledó; se nombra para
dicho caigo á don Juan Acosta y
Munoz, que desempena eJ mismo en
el da, bastíllala Vieja, y se nombra
capitán general de Castilla la Vieja
al mariscal de campo D. Gabriel Bal
drich y Palau.
Ha llegado a Sevilla la señora
duquesa de Montpensier, acompaña
d 1 de la señora viuda del general
Slielly. Gran número de personas,
contándose ontre ellas los consecuen
tes amigos y afectos á la egrégia fa
milia, salieron á recibir á la Ilustre
viajera, quien los saludó con la efu
sión y esquisita amabilidad que la
caracterizan.
Al dar cuenta de este suceso un
periódico de la localidad, añade:
En tanto que el señor duque
atiende al restablecimiento de la que
brantada salud de la infanta doña
Cmtina, buscando un clima a pro
pósito al efecto desearlo onn fon viva
solicitud, la señora d.ucp.\eaa, clespu.es
de visitar á su hijo en el colegio de
Mataro, donde recibe una instrucción
al nivel de sus circunstancias y de
los paternos designios, viene á pasar
algún tiempo en el palacio á orillas
del Guadalquivir y en la grata y an
helada compañía de sus tiernos ó in
teresantes hijos menores.”
—EI señor duque de la Torre ha
demandado de injuria y calumnia al
periódico El Tiempo por los reitera
dos ataques que, según sus amigos,
lia dirigido este diario, no al hombre
publico, sino al particular.
—Anoche quedó constituida en
junta interina de la Asociación de
escritores públicos y artistas, la co
misión encargada de redactar las ba
ses para la asociación. Los Sres. Lla
no y Persi, Robert, Nombela, Cam
po y Navas, Fragoso y Alvarez Oso
rio, reunidos en casa dé este último,
calle de Calderón de la Barca, cre
yendo que aún siendo modesta y
vulgar la fórmula de la asociación,
convenía ante todo que estafueraun
hecho, sin perjuicio de las reformas
y desarrollo que mas adelante acon
seje la experiencia, acordaron no se
pararse sin contar ya con Un fondo
y una base de existencia que sirva
de centro, alrededor del cual se reú
nan los que deseen atender á su por
venir. Dichos señores comisionaron
al Sr. Robert, cofno tesorero interino,
para que en su residencia, fonda de
Barcelona, número 9, vayan á ins
cribirse los escritores ó artistas que
deseen pertenecer á la asociación,
abonando 40 rs. de entrada y 10 por
primera mensualidad. Los fundado
res están dispuestos á seguir unidos
y á sostener la modesta asociación
anoche constituida con los amigos
que les quieran imitar.
—Se ha concedido por decreto de
10 del corriente una condecoración
especial que consiste en una medalla
de plata en favor de los individuos que
componen los cuerpos de voluntarios
de la Isla de Cuba.
—Los señores Azcárate y Vízcar
rondo se han separado de la dirección
y redacción de La Constitución á con
secuencia de una hoja impresa recibi
da de la Habana. Nos alegramos por
La Constitución y por los hombres
cuyo partido representa.
—La Internacional ha sido decla
rada fuera de ley.
En nuestro próximo número am
pliaremos las noticias.
SECCION OFICIAL.
- CiOBIERNO SUPERIOR CIVIL.
DE LA ISLA DE PUERTO-RICO,
Accediendo á lo solicitado per algunos
dependientes de establecimientos de va*
rists clas-s de Arec bo, Bayamouy Manaty
be acordado hacer extensiva á toda la Isla
mi i’esolucion de fecha 4 del actual dicta
da únicamente para la Capital, y que á
continuación se inserta.
Primero: Los establecimientos de ví
veres al pormenor se abrirán los domingos
y dias festivos é las seis de la mañana y
y se cerrarán á las tres de la tarde, sin
que por excusa ni pretesto alguno perma
nezcan abiertos ántes ni después de las
indicadas horas, en que queda prohibida
la venta hasta el siguiente dia que no
siendo festivos se abrirán á las horas acos -
tumbradars.
Segundo: *EI dueño del establecimiento
de víveres que en los dia* señalados lo
abra antes de las seis de, la mañana ó no
cierre á las tres de la tarde, incurrirá en
la multa de cincuenta pesetas que marca
el ai t. 7? del Bando de policía vigente.
Los Sres. Corregidores y Alcaldes que
dan encargados del puntual cumplimiento
de esta disposición en sus respectivas ju
risdicciones
Puerto-Reo 27 de noviembre do 1871.
—GOMEZ.
Sres. Conegüores } Alcalá* de esta
ProTiadiii

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