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El imparcial. [volume] (Phoenix, Ariz.) 1956-19??, August 03, 1956, Image 2

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PAGINA DOS
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EDITORIAL
U UNIFICACION ES NECESARIA PARA HACER OIRAS MERITORIAS
Mucho elogiamos al grupo de jóvenes componentes del Vesta
Club por el encomiable propósito que tienen de adjudicar becas
escolares a estudiantes de origen hispanoamericano, y es aún
más admirable el esfuerzo que estos jóvenes hacen, para llevar
a cabo sus proyectos.
Para fin de hacer posible estas becas a estudiantes sobresa
lientes y que enseñen interés en seguir sus estudios, este grupo
de paladines se ve en la necesidad de organizar bailes, fiestas y
campañas para recaudar los fondos indispensables para la subsis
tencia apenas limitada del fortunado joven, dado todo este trabajo
por la falta de cooperación en primer lugar del comercio mexicano
que es bastante escaso en esta ciudad, en segundo lugar por la
falta de cooperación de parte de las diferentes organizaciones que
apenas se sostienen de por sí para efectuar sus propios programas,
y por último por la falta de cooperación del público en general
que aún no se da cuenta de los méritos tan grandes, de que es
digno un proyecto semejante a éste, es decir, de tenderle la mano
al estudiante necesitado que tal vez más tarde podrá por medio
de su cultura y su talento, darle una digna representación a la
colonia.
Nosotros creemos sinceramente que el programa de este grupo
de jóvenes se ha echado a cuestas, es un programa digno de la
aceptación de todos los que tengamos el orgullo de ser de ascen
dencia mexicana, y que por lo tanto deberíamos darles todos sin
excepción alguna, nuestra cooperación. Y de qué modo pudiéra
mos seguir el ejemplo que este grupo de jóvenes nos ha puesto?
Por medio de la unificación! La unificación es la última palabra;
la unificación será la salvación única que conservará esta mag
nífica tradición imperecedera.
Mientras que no se pongan de acuerdo los componentes de
este grupo con todas las organizaciones, para que coordinadamente
se designe un día del año con todos los esfuerzos unidos para un
solo fin. Y mientras que todos estos grupos no instiguen del comer
cio el interés de tomar parte activa en este programa para que
ellos en turno inciten a la colonia en general, para que de una
manera colectiva presten su cooperación, este bello programa
emanado de jóvenes altruistas y desinteresados, tendrá poco a poco
que llegar al fin de su jornada, y no falta de entusiasmo y energía
de los miembros del Vesta Club, sino que por la falta de unificación
y cooperación del pueblo.
No somos pesimistas, y si auguramos lo arriba mencionado
es que nos basamos en que siempre que un grupo o una organiza
ción se propone hacer algo meritorio, otras organizaciones, tratando
de imitarla y de hacer un bien semejante al que aquélla esta
haciendo, forman proyectos similares sin tomar en cuenta que
hacen un perjuicio a la organización fundadora, y como la se
gunda, luego la tercera, y más, hasta que el público no sabe a
quien apoyar, en sus campañas para adquirir los fondos deseados,
porque no podemos negar cuanto más campañas se organicen
para adquirir fondos sea para lo que fuere, menos éxitos tienen
éstas, y mucho menos éxito tienen si son todas para el mismo
objeto.
Hacemos referencia a este particular, porque ya se rumora
que dos organizaciones locales han dado los primeros pasos para
adoptar el sistema de adjudicar becas a estudiantes de descenden
cia mexicana, magnífica idea, pero no sería mucho mejor como
antes lo expresamos de que todas las organizaciones unieran sus
esfuerzos para ese fin secundando la idea original de los miem
bros del Club Vesta? Nosotros así lo creemos. Con la unificación
de las organizaciones locales, se lograrían muchos proyectos que
redundarían en beneficio de todas, uno de los beneficios mas
grandes que obtendrían las organizaciones, sería evitar las con
gestiones en fechas en que se organizan festivales para recaudar
fondos evitando las competencias, al mismo tiempo se contaría
con un cuerpo coordinador que ayudara, orientara y aconsejara a
estos grupos para mejorar su marcha hacia el progreso.
UNAMONOS EN DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS
SECCION LITERARIA
“ES EL TIEMPO’: ,
Oigo pasar el tiempo entre tu pelo
como seguimos con el pensamiento
un día antiguo o una melodía
especialmente por la primavera
Oigo correr el tiempo entre mi sangre
cuando tu nombre me perfuma el rostro
como un jazmín continuo. Cuando siento
la roja mordedura del verano
Oigo pasar el tiempo entre los álamos
especialmente cuando el otoño
y ando por la ribera de aquel río
que sabe amor, tu nombre y apellido
Oigo pasar el tiempo entre los sueños,
especialmente cuando es el invierno,
y el piano, amor, oye caer la lluvia,
caer la tarde, un pétalo, el olvido.
J.G.L.P.
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Comentarios

“AL MARGEN TEATRAL”
El impacto de la mecanización
sobre la artesanía es un fenó
meno tan natural como lamen
table que se puede advertir en
todos los ramos en que la má
quina ha venido aparentemente
a servir, pero en realidad a sub
yugar, al artesano que antes de
ella se recreaba en la creación
personal, biológica, lenta, de su
oficio. Gracias a ella, a la má
quina, ciertamente la creación
se multiplica; se pone al al
cance de muchos, de miles, su
disfrute. Y ella acelera los pro
cesos de su elaboración, la per
fección (desde el punto de vis
ta de su consumidor, que puede
no ser el del creador original y
artesano del objeto que la má
quina reproduce). La máquina,
al tender a servir a muchos, se
sirve de unos cuantos. De su car
ne, que tritura y sazona, hace
las salchichas idénticas que dis
persa entre sus miles de clientes.
Pienso en ésto en contacto
con la telivisión—o mejor dicho,
con el teatro televisado como ar
tesano antes autóctono, modes
to, de mundo propio y pequeño,
ahora absorvido, tentado, por
una máquina de la que se trata
ría de averiguar si está dispues
ta a servir al teatro, o decidida
a servirse de él. Si al servirse
de él, lo sirve, o lo aniquila. Y
si CJi eventual aniquilación vale
el holocausto.
Hubo un tiempo—todos lo re
cordamos con estremecimiento
—en que las compañías de tea
tro hacían una comedia cada se
mana. Descansaban los lunes,
leín y repartían los pa
peles (las particelas) el martes,
ensayaban el miércoles, el jue
ves y el viernes —y estrena
ban el sbado. Los decorados de
papel eran pintados con igual
prisa. Y naturalmente funcio
naba, reinaba, la concha del
apuntador. Como en todo fenó
meno social, habia para este
cuadro una explicación econó
mica. Los cómicos vivían de eso.
Y el público no sostenía con su
asistencia más de una semana
las obras en cartel. Era preciso
improvisar la siguiente con igual
premiosa, imperfecta rutina.
/
Qué impulsaba a aquellos có
micos a seguir en la brega, de
fracaso en fracaso, de miseria
en miseria? No, seguramente, el
dinero, el lucro. Cualquier ocu
pación, oficio, rendía más. Ha
brá sido esa irrefrenable y com
pleja vocación horóica que no
es lugar aquí de profundizar,
pero efúe si se resignaba a las
imperfecciones artísticas de la
época, no sería por su voluntad,
sino contra ella. Luego unos
cuantos insurgentes, en todo el
mundo, se rebelaron y afronta
ron el teatro de otra manera;
de la manera experimental. De
pararon a las obras mayor res
peto; dedicaron a su estudio un
tiempo mayor. Abolieron el a
puntador y su concha. Pres
cindieron de los decorados de
papel. No estrenaron el sábado,
sino el día que ya se supieran
la obra, que ya le hubieran sa
cado el máximo jugo. A éstos,
menos que a aquellos, los atraía
el teatro, les impulsaba una au
téntica vocación no contamina
da por ambiciones pecuniarias,
no atenaceada por necesidades
urgentes.
El nuevo teatro nació así, con
los grupos experimentales que
recibían ese título glorioso des
de la boca con que lo proferían,
con desdén para calificarlos, los
viejos profesionales, del estreno
cada semana. Poco a poco su fer
vor, su entusiasmo, su búsque
da de la perfección, recuperaron
a un público remiso que acudió
a verlos, primero con curiosi
(Sigue en la página 4)
LA HIJA DEL ASESINO
XAVIER DE MONTEPIN
(CONTINUA)
“La resolución era juiciosa, y
Dios sabe la firmeza de mi in
tención!
“Pasados los diez minutos me
puse en pie; estaba perfecta
mente tranquilo. Conservaba to
da mi sangre fría, y el vino que
acababa de beber a la salud de
Susana y de Dionisia me pro
dujo el mismo efecto que un
vaso de agua pura.
“ —Cómo! —exclamó Jerónimo
Aubert—, te vas ya?
“ —Sí ya me voy.
“—Pero si acabamos de llegar!
“ —Hace diez minutos que he
mos entrado.
“ —Y qué es eso? Vajnos, qué
date aún un cuarto de hora.
“—Me habéis prometido dejar
me marchar —repliqué.
“ —Es cierto; pero, cuando me
nos, bebe un vaso y en seguida
nos despediremos.
“Al decir esto, Jerónimo me
ofrecía mi vaso, que acababa de
llenar hasta el borde.
“Yo no sé qué ridículo senti
miento de condescendencia me
impidió negarme a beber; tomé
el vaso con cierta repugnancia
y lo apuré de un solo trago.
“Una gota de agua, con ser
tan poca cosa, es suficiente pa
ra que rebose un vaso; este úl
timo trago de vino verificó en
mí el efecto terrible e inexplica
ble que en otras ocasiones, y
que a toda costa hubiera debido
evitar.
“Cruzó ante mis ojos una nu
be. Repentinamente me sentí
embiragado y en vez de dirigir
me a la puerta, según era mi
intención, me dejé caer pesa
damente sobre mi silla.
“ —Por fin —dijo entonces Je
rónimo Aubert riendo a carca
jadas—, ya empiezas a ser un
hombre. A tu salud, Pedro Lan
dry! Echate eso al coleto en dos
tiempos y un solo movimiento.
“Desde este instante no fui
dueño de mí. Las últimas pala
bras de Jerónimo que puedo re
cordar, fueron las siguientes:
Un hombre es un hombre. El
marido en su casa, debe llevar
los pantalones y no consentir
que su mujer lo maneje como
un muñeco.
“Desde hacía un momento,
como os he dicho, era presa de
una embriaguez que, al apode
rarse de mí, me arrastra a co
meter actos de salvajismo inex
plicables.
“Las palabras de Jerónimo
Aubert son las mismas que se
repiten cien mil veces al día en
todas las tabernas de la tierra.
En qué podían ofenderme? En
nada; estoy seguro.
“Un furor repentino, el furor
del dogo a quien se quiere quitar
la presa, se apoderó de mí, co
mo si el pobre Jerónimo acabara
de insultar gravemente a Susa
na. Una nube de sangre me ce
gó; me levanté y, lanzándome
a él, grité con rabia: Miserable!
Te prohibo hablar de mi mujer!
Lo oyes bien? Te lo prohibo!
“Me había apoderado de una
botella.
“Jerónimo retrocedió maqui
nalmente, diciendo:
“ —Se ha vuelto loco!
“Lo que ocurrió después des
apareció detrás de una nube
sombría.
“Apenas sí recuerdo confusa
mente una lucha cuerpo a cuer
po, un espantoso tumulto, gri
tos agudos y gemidos desespe
rados
“Cuando recobré la razón me
encontraba solo en un calabozo,
tendido sobre una cama de hie
rro; una camisa de fuerza su
jetaba mis brazos y paralizaba
mis movimientos.
VIERNES 3 DE AGOSTO DE 1956
“Imaginé que estaba bajo la
impresión de un espantoso sue
ño o de un acceso de demencia
de que no podía darme cuenta.
“Un carcelero entró; se acer
có a mí con cierta desconfianza
e inquietud, aunque la camisa
de fuerza debía tranquilizarle.
Cuando advirtió mi estado tran
quilo, su terror se disipó; pero
aumentó su estrañeza, c
“Entonces le interrogué.
“Imaginad lo que yo experi
menté al saber todo lo ocurrido
la víspera.
“Un rayo que hubiera caído so
bre mí no me hubiera causado
tanto daño.
“Había cometido un crimen
monstruoso inconscientemente!
“Había sacado del bolsillo mi
compás de carpintero! Jerónimo
Aubert, herido por mí en medio
del corazón, cayó muerto en el
acto; y no satisfecho con ma
tarle, pisoteé su ensangrentado
cadáver!
“Hacía dieciséis horas que es
taba en el calabozo. La justicia
de los hombres me iba a pedir
cuenta de un asesinato infame
y cobarde, y mi esposa, mi des
graciada esposa, enferma y dé
bil, aún ignoraba lo ocurrido.
“He aquí adonde me había
conducido el vino y la debilidad
de mi carácter! He aquí el abis
mo en que me había precipita
do”.
Pedro Landry calló un
te. Su emoción era tan profun
da y tan terribles los recuerdos
que acababa de evocar, que su
voz se debilitaba y difícilmente
se entendían sus palabras.
El auditorio del carpintero
participaba en un todo de esta
emoción, y ya dos o tres veces
el señor Raimundo se había en
jugado las lágrimas.
—Por vida de! —murmuró
entre dientes el viejo capataz—.
Este hombre no ha tenido bue
na suerte! Pero, es posible que
el vino, que es el amigo del obre
ro, sea un veneno para los que
no saben bebe rio?
Pedro Landry continuó:
“ —No sabéis lo que es una su
maria criminal y sois dichosos
ignorándolo. La de mi causa no
fué larga; veinte testigos ha
bían presenciado el hecho.
“Yo, sólo podía llorar sin acer
tar a contestar nada, pues de
nada me acordaba; era culpa
ble, pero inocente de intención;
lloraba igualmente por mi víc
tima que por mi suerte!
“Mi defensor consiguió una li
cencia para que mi pobre Susana
pudiera visitarme. Acudió a ver
me acompañada de mi hija Dio
nisia. Aquella querida y santa
mujer me amaba lo mismo que
antes de cometer el crimen! No
dudaba de mí! Sabía muy bien
que mi voluntad no entraba na
da en el golpe descargado por
mi mano! Me compadecía con
toda su alma y no cesaba de
amarme, tratando de darme va
lor !
“Su presencia me causó ale
gría y dolo? al mismo tiempo.
La vi tan, cambiada, tan pálida
y delgada, que adiviné desde
luego la cruel amargura que me
esperaba. La pobre no podía
hacerse superior a tanta des
gracia! Mi prisión, el crimen
que pesaba sobre mí, había sido
para ella un golpe mortal.
“Pasé al Tribunal.
“Que Dios libre a mi mayor
enemigo de verse en el banqui
llo de los acusados, frente a los
jueces que os escuchan y ro
deado de curiosos que no cesan
de miraros!
“No sé cómo he podido resistir
tal suplicio, que duró tres ho
ras!
(Sigue en la página 4)

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