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El mosquito. [volume] (Tucson, Ariz.) 191?-19??, April 13, 1919, Image 4

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Página 4
ei- mosquito
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EL RUISEÑOR DE PALACIO
Es un palacio suntuoso que fue
mansión episcopal y augusta. A
quellos férreos Arzobispos de To
ledo que poseyeron en Madrid
las delicias de la Monelova, tuvie
ron como suya esta vivienda enor
me, que fué primero fortaleza,
cuando los prelados llevaban más
el pendón a la frontera que la ca
pa al coro, y luego alcázar de en
canto y maravilla, cuando la cota
de malla volvió a trocarse por las
vestiduras de púrpura de magni
ficencias osiáticas Tal fué el pa
lacio prelacial, que los reyes hu
bieron de codiciarle.
Y los reyes lo habitaron, y en
él congregaron a los voceros de
su pueblo para formar leyes. Mo
narca hubo que con su cortejo
de fiesta y algazara, salió de su re
cinto para entrar en el imperio te
nebroso de nuestra Señora de la
Muerte. Y soberanos poderosos
que recibieron bajo el cobijo de
sus labrados artesones a lasprince
sas que desde luengas tierras vi
nieron a Castilla en són de despo
sorios. Y sus solemnes aposen
tos supieron siempre más del do
lor que del amor y del drama que
del idilio.
j Hoy el palacio es un archivo.
Como si fuera un vasto cenotafio
! tiene el aspecto de una gigantes
jca tumba abandonada. Yal mo
¡do que en los opulentos edificios
i mortuorios que se alzan en Orien
i te, grandes jardines le re deán
1 Torreones enhiestos guardan los
¡jardines y muros fuertes y vetus
tos, los orean y protejen.
Y al través de esos muros se es
[cucha la salmodia del agua, que
' canta al extenderse sobre la tie
! rra berrroqueña. En un laurel
! es donde tiene su trono mi amigo
el ruiseñor. /•
Sí, somos amigos. Por las no
ches, con una fidelidad que acaso
no tenga nunca mejor causa, sue
lo acudir junto al muro del jardín
del palacio para escuchar el con
cierno que el pájaro maravilloso
¡entona para mí. Yel siiencio au
gusto de la noche, que es como
(un silencio sagrado, parece más
callado todavía cuando comienza
a cantar el ruiseñor.
La vieja ciudad duerme. Las
casas silenciosas, diríase que ha
ce siglos que no saben de ningún
movimiento. Apenas si un mo
mento percibióse rumor de rezo
en un monasterio de religiosas.
El ténue murmullo pasó, bien que
‘EI Mosquito”
si una ráfaga de aire hubiése cru
zado por entre las ramas de los ár
boles como las cuerdas de una a r
pa.
Y entonces, como si estuviese
seguro de que nadie le ha de oír
más que yo, es cuando el divino
cantor empieza la admirable sere
nata desde su trono de laurel.
¿Qué cantará en su cántico esa
ave encantada, que vive en el jar
din de ese palacio de ‘leyenda?
¿De qué poema extraordinario se
rán estrofas sus cantares?
¿Aquellos altivos gerifaltes que
en ese vergel mismo se adiestra
ron para artes de cetrería, abatié
ronse tan pronto como las águilas
caudales de los imperios de otra
edad? Apenas si en las gloriosas
ruinas quedan las águilas de pie
dra de Tavera. Pero vive un lau
reí y en el laurel un ruiseñor
La noche es tibia y clara, y al
fulgor sideral se advierte una ne
gra silueta que se dibuja sebre el
caballete del muro. Es un gato
negro como un mal pensamiento.
Está sentado y quieto como una
esfinge Sus ojos luminosos in
quieren algo entre las sombras.
Sus misteriosas pupilas fulgu
rantes muéstranse retadoras, ines
crutables, como el destino de ios
hombres.
Y aquella esfinge breve y negra
I permanece inmóvil mientras está
cantando el ruiseñor. La esfinge
aquella puede ser la bestia sagaz
y rapaz, que guarda ún copioso
caudal de crueldad en sus instin
tos. Acaso, más bien, los gatos
son aniu|a:es de excepción y de
una refinada aristocracia en su
! modo de ser.
¡ De cuando en cuando, con una
gravedad sacerdotal, levanta su
cabeza y mira al cielo. Tal vez él
sabe secretos de los astros, y por
qué a Sirio, emperador del cielo,
le llamaron Juan de Miion y el
! espléndido Orion fué Pedro de
Proveza.
i Y el ruiseñor no sabe nada.
Nada más que la poesía de la no
jehe y del laurel y de la yedra y
; de las piedras viejas donde formó
Isu nido. Yel pájaro poeta, en
;tre las negruras y los misterios,
triunfa de la noche, poniendo so
bre ella su cantar.
Pedro de Repide
1
I
Mande sos órdenes a la Im
prenta Mexicana, Calle Meyer
129 al Sur. Precios módicos.
LA RELIGION
DE LA ALEGRIA
Bien está que seamos austeros
con nosotros mismos; mas no por
eso empobrezcamos la vida. So
bre este particular no escuchemos
lo que nos dicen los refinados de
la literatura de nuestros días: no
privemos ala humanidad de sus
goces: antes bien, gocemos vién
dola gozar.
El contento de los demás es li
na gran parte del nuestro; consti
tuye esa recompensa de la vida
honrada: la alegría. Se me repro
cha el haber predicado mucho es
ta religión, fácil en apariencia,
pero en realidad la más difícil de
todas. No todo el que quiere es
alegie Para eso se necesita ser
de una vieja raza no hastiada:
es preciso también contentarse
con la propia vida. La mía ha
sido la que yo quería, lo que con
cebía como lo mejor. Si tuviese
que vivirla de nuevo, no cambia
ría en ella gran cosa.
Ernesto Aen
Era Pedro tan tragón
en asunto de frijoles,
que llenaba los peroles
en la casa de Aragón.
Tienda de Abarrrotes y Granos,
Esquina Calles Court y Council.
Para poner medias suelas,
—me platicaba don Lolo —
no hay otra cosa mejor
que ver a Lino Sauz Polo
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En tanto que canta un gallo
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%
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muy bueno y considerado
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pues es en la población
un galeno de cartel.
Tiene su Consultorio en la Aveni
da Stone, frente al Citizen.
Es de todo punto importante
se haga usted un buen suscritor
de “El Mosquito'*, que como us
ted habrá v'sto, desde su funda
ción ha venido haciendo una la
bor netamente mexicana tenden
te a la moralización y adelanto
de nuestra raza.

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